AÑO 2017


Este blog contiene casi todos los materiales de lectura del curso de Introducción a la Teoría Literaria.

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Grupo A -martes y viernes de 10 a 12.30hs -
Prof. Adj. (int.) Dra. Claudia Pérez, Col. Hon. Maite Vanesa Artasánchez

Horario de consulta: miércoles de 17.30 a 18.30hs.



Grupo B - miércoles y viernes de 18.30 a 21hs.
Asist. Pilar de León, Ayud. Stefan Martchenko



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Claudia Pérez - oliviapz@gmail.com

Maite Vanesa Artasánchez - maitevanesa@gmail.com

Pilar de León - piludeleon@gmail.com

Stefan Martchenko - stefanmg7@gmail.com


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Programa - Indice de Lecturas 1er. parcial




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31 mar. 2017

De una carta y dos pasajes de Tolkien sobre los árboles

 241 De una carta a Jane Neave
8-9 de septiembre de 1962
La tía de Tolkien, que estaba viviendo en Gales, había estado leyendo las pruebas de
su conferencia «English and Welsh», pronunciada en 1955 y publicada en 1963 en el
volumen Angles and Britons: O 'Donnell Lectures.


(…)Por supuesto, algunos elementos son explicables en términos biográficos (tan obsesivamente interesantes para los críticos modernos, que a menudo valorizan una pieza «literaria» exclusivamente en la medida en que revele al autor, especialmente si lo hace a una luz desfavorable). Había  un árbol inmenso -un álamo enorme con grandes ramas- que era visible por la ventana aun cuando me encontraba en cama. Lo adoraba y me preocupaba por él.
Hacía algunos años había sido salvajemente mutilado, pero había desarrollado con
gallardía nuevas ramas, aunque, naturalmente, no con la misma gracia sin tacha de antaño; y ahora una estúpida vecina estuvo haciendo una campaña para que fuera derribado. Cada árbol tiene su enemigo, pocos son los que tienen un abogado.
(Con demasiada frecuencia el odio es irracional, un miedo de todo lo que es grande y está vivo y no es fácil de domar o destruir, aunque pueda disfrazarse con términos racionales.) Esta tonta decía que impedía que el sol diera sobre su casa y su jardín, y que temía que un fuerte viento fuera causa de que aplastara su casa. Estaba al este de su puerta de entrada, frente a un ancho camino, a una distancia de casi tres veces su altura total. De modo que apenas hacia el equinoccio arrojaría una sombra en su dirección, y sólo muy temprano por la mañana llegaría a través del camino hasta el pavimento por delante del portón de entrada. Y un viento que pudiera arrancarlo y arrojarlo sobre su casa, la habría demolido a ella y a su casa sin ayuda del árbol. Creo que todavía se levanta donde estaba. Aunque muchos vientos han soplado desde entonces. (La gran borrasca con que terminó el espantoso invierno de 46-47 -el 17 de marzo de 1947- derribó casi todos los poderosos árboles del Broadwalk en Christchurch Meadows, y devastó el parque de ciervos de Magdalen, pero él no perdió ni una rama.) También, por supuesto, estaba ansioso por mi propio árbol interior, El Señor de los Anillos. Estaba creciendo fuera de control y revelando infinitos nuevos panoramas, y yo quería acabarlo, pero el mundo se mostraba amenazante. (…)


 CARTAS DE J. R. R. TOLKIEN
Selección de Humphrey Carpenter
con la colaboración de Christopher Tolkien
Barcelona :Minotauro, 1993.
Título original:
Letters of J. R. R. Tolkien
Traducción de Rubén Masera



En casa de Tom Bombadil

"(…) Les contó entonces muchas historias notables, a veces como hablándose a sí mismo y a veces mirándolos de pronto con ojos azules y brillantes bajo las cejas tupidas.  A menudo la voz se le cambiaba en canto y se levantaba entonces de la silla para bailar alrededor.  Les habló de abejas y de flores, de las costumbres de los árboles y las extrañas criaturas del bosque, de cosas malignas y de cosas benignas, cosas amigas y cosas enemigas, cosas crueles y cosas amables y de secretos que se ocultaban bajo las zarzas.
      A medida que escuchaban, los hobbits empezaron a entender las vidas del bosque, distintas de las suyas, sintiéndose en verdad extranjeros allí donde todas las cosas estaban en su sitio.  El viejo Hombre-Sauce aparecía y desaparecía en la charla, una y otra vez y Frodo aprendió bastante como para sentirse satisfecho, en verdad más que bastante, pues las cosas de que se iba enterando no eran tranquilizadoras.  Las palabras de Tom desnudaban los corazones y los pensamientos de los árboles, pensamientos que eran a menudo oscuros y extravíos, colmados de odio por todas las criaturas que se mueven libremente sobre la tierra, arañando, mordiendo, rompiendo, cortando, quemando: destructoras y usurpadoras.  No se le llamaba el Bosque Viejo sin motivo, pues era antiguo de veras, sobreviviente de vastos bosques olvidados; y en él vivían aún, envejeciendo tan lentamente como las colinas, los padres de los padres de los árboles, recordando la época en que eran señores.  Los años innumerables les habían dado orgullo y sabiduría enraizada en la tierra y malicia.  Ninguno, sin embargo, era más peligroso que el Gran Sauce: tenía el corazón podrido, pero una fuerza todavía verde; y era astuto, y ordenaba los vientos, y su canto y su pensamiento corrían entre los árboles de ambos lados del río.  El espíritu gríseo y sediento del Sauce sacaba fuerzas de la tierra, extendiéndose como una red de raíces en el suelo y como dedos invisibles en el aire, hasta tener dominio sobre casi todos los árboles del bosque desde la Cerca a las Quebradas."


Lothlórien

"(…)Cuando le llegó el turno de que le descubrieran los ojos, Frodo miró hacia arriba y se quedó sin aliento.  Estaban en un claro.  A la izquierda había una loma cubierta con una alfombra de hierba tan verde como la primavera de los Días Antiguos.  Encima, como una corona doble, crecían dos círculos de árboles; los del exterior tenían la corteza blanca como la nieve y aunque habían perdido las hojas se alzaban espléndidos en su armoniosa desnudez; los del interior eran mallorn de gran altura, todavía vestidos de oro pálido.  Muy arriba entre las ramas de un árbol que crecía en el centro y era más alto que los otros resplandecía un flet blanco.  A los pies de los árboles y en las laderas de la loma había unas florecitas amarillas de forma de estrella.  Entre ellas, balanceándose sobre tallos delgados, había otras flores, blancas o de un verde muy pálido; relumbraban como una llovizna entre el rico colorido de la hierba.  Arriba el cielo era azul y el sol de la tarde resplandecía sobre la loma y echaba largas sombras verdes entre los árboles.(…)  Entraron en el círculo de árboles blancos.  En ese momento el viento del sur sopló sobre Cerin Amroth y suspiró entre las ramas.  Frodo se detuvo, oyendo a lo lejos el rumor del mar en playas que habían desaparecido hacía tiempo y los gritos de unos pájaros marinos ya extinguidos en el mundo.
      Haldir se había adelantado y ahora trepaba a la elevada plataforma.  Mientras Frodo se preparaba para seguirlo, apoyó la mano en el árbol junto a la escala; nunca había tenido antes una conciencia tan repentina e intensa de la textura de la corteza del árbol y de la vida que había dentro.  La madera, que sentía bajo la mano, lo deleitaba, pero no como a un leñador o a un carpintero; era el deleite de la vida misma del árbol."