AÑO 2017


Este blog contiene casi todos los materiales de lectura del curso de Introducción a la Teoría Literaria.

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Grupo A -martes y viernes de 10 a 12.30hs -
Prof. Adj. (int.) Dra. Claudia Pérez, Col. Hon. Maite Vanesa Artasánchez

Horario de consulta: miércoles de 17.30 a 18.30hs.



Grupo B - miércoles y viernes de 18.30 a 21hs.
Asist. Pilar de León, Ayud. Stefan Martchenko



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Programa - Indice de Lecturas 1er. parcial




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20 may. 2016

Diccionario de símbolos - Cirlot - Números

https://drive.google.com/file/d/0B-GPqM-CVAWSd2lXMC1JY3FRZWs/view?usp=sharing


Números

En el sistema simbolista los números no son expresiones meramente
cuantitativas, son ideas-fuerza, con una caracterización específica para cada
uno de ellos. Las cifras son a modo de su vestido. Todos proceden del número
Uno (que se identifica con el punto no manifestado). Cuanto más se
aleje un número de la unidad, más se hunde en la materia, en la involución,
en el «mundo». Los diez primeros números, en la tradición griega (doce, en
la oriental), pertenecen al espíritu: son entidades, arquetipos y símbolos. Los
demás resultan de las combinaciones de esos números primordiales (44).
Los autores griegos especularon sobre el número. Pitágoras dijo: «Todo está
arreglado según el número». Platón consideró al número como esencia de la
armonía y a ésta como fundamento del cosmos y del hombre, sentenciando:
«Pues la armonía, cuyos movimientos son de la misma especie que las revoluciones
regulares de nuestra alma» (24). La filosofía de los números fue
también desarrollada por los hebreos, gnósticos y cabalistas, llegando hasta
la alquimia nociones universales que se encuentran en Lao-tsé: «El uno se
convierte en dos; el dos se convierte en tres; y del ternario procede el uno
 (la nueva unidad u orden) como cuatro» (María profetisa) (32). La actual Lógica
simbólica y la Teoría de los Grupos retoman a la idea de lo cuantitativo
como cualidad. Según Pierce, las leyes de la naturaleza y las del espíritu
se basan en los mismos principios, sistematizables según tales vías (24).
Aparte de los valores esenciales de unidad y multiplicidad, tienen signiñcado
general los pares (negativos, pasivos) y los impares (afirmativos, activos). La
sucesión numérica, de otro lado, tiene un gran dinamismo que es preciso
considerar. La idea de que el uno engendra el dos y el dos el tres, se fundamenta
precisamente en la noción de que toda .entidad tiende a rebasarse a
sí misma, a situarse en contraposición con otra. Donde hay dos elementos, lo
tercero aparece en forma de unión de esos dos y luego como tres, dando
lugar a lo cuarto como conexión de los tres, y así sucesivamente (32). Después
de la unidad y del binario (conflicto, eco, desdoblamiento primordial), el
ternario y el cuaternario son los grupos principales; de su suma surge
el septenario; de su multiplicación, el dodecanario. Del tres deriva más directamente
el siete (por ser también impar); del cuatro, el doce (ambos
pares). En simbología suelen representar: ternario (orden mental o espiritual),
cuaternario (orden terrestre), septenario (orden planetario y moral), dodecanario
(orden universal). Vamos a considerar seguidamente los significados más
generalmente reconocidos por la tradición simbolista a cada número, para
atender luego sumariamente a la teoría psicológica de Paneth.
Cero. — El no ser, misteriosamente ligado a la unidad, como su contrario
y su reflejo; símbolo de lo latente y de lo potencial; es el «huevo órfico».
En la existencia simboliza la muerte como estado en el que las fuerzas de
lo vivo se transforman (40, 55). Como círculo, es decir, por su figura, simboliza
la eternidad.
Uno. — Símbolo del ser (40), de la aparición de lo esencial. Principio activo
que se fragmenta para originar la multiplicidad (43) y se identifica con
el centro (7), con el punto irradiante y la potencia suprema (44). También
simboliza la unidad espiritual, base de la fusión de los seres (55). Guénon
distingue entre la unidad y el uno, siguiendo las especulaciones de los místicos
del islam. Difiere del uno la unidad en que es un reino absoluto, cerrado
en sí mismo, que no admite el dos ni el dualismo. Es por ello esa unidad
símbolo de la divinidad (26). También se identifica el uno con la luz (49).
Dos. — Eco, reflejo, conflicto, contraposición: la inmovilidad momentánea
cuando las fuerzas son iguales (43); corresponde al transcurso, a la línea
detrás-delante (7); geométricamente se expresa por dos puntos, dos líneas o
un ángulo (44). Simboliza el primero de los núcleos materiales, la naturaleza
por oposición al creador, la luna comparada con el sol (55). Todo el esoterismo
considera nefasto el dos (9); significa asimismo la sombra (49) y la
sexuación de todo o el dualismo (Géminis), que debe interpretarse como
ligazón de lo inmortal a lo mortal, de lo invariante a lo variante (49). La
región del dos, en el paisaje místico de la cultura megalítica, es la mandorla
de la montaña, el foco de la inversión que forma el crisol de la vida y encierra
a los dos antípodas (bien y mal) (vida y muerte) (51). Por esto el dos
es el número de la Magna Mater (51).
Tres. — Síntesis espiritual. Fórmula de cada uno de los mundos creados.
Resolución del conflicto planteado por el dualismo (43). Hemiciclo: nacimiento,
cénit, ocaso (7). Corresponde geométricamente a los tres puntos y al
triángulo (44). Resultante armónica de la acción de la unidad sobre el dos (55).
Concierne al número de principios (41) y expresa lo suficiente, el desenvolvimiento
de la unidad en su propio interior (9). Número idea del cielo (51) y
de la Trinidad.

Cuatro. — Símbolo de la tierra, de la espacialidad terrestre, de lo situacional.
de los límites externos naturales, de la totalidad «mínima» y de la
organización racional. Cuatro es el cuadrado y el cubo; la cruz de las estaciones
y de los puntos cardinales. Según el modelo del cuaternario se organizan
muchas formas materiales y espirituales (43). Es el número de la'-
realizaciones tangibles (55) y de los elementos (41). Místicamente, tetramorfos.
Cinco. — Símbolo del hombre, de la salud y del amor; la quintaesencia
actuando sobre la materia. Los cuatro miembros regidos por la cabeza como
los cuatro dedos p or el pulgar (43); los cuatro puntos cardinales más el
centro (7). Número de la hierogamia, unión del principio del cielo (tres) y
de la Magna Mater (dos). Pentagrama, estrella de cinco puntas (44). Corresponde
a la simetría pentagonal, frecuente en la naturaleza orgánica, relacionándose
asimismo con la Sección de oro como fue notado por los pitagóricos
(24); los cinco sentidos (55) correspondientes a las «formas» de la
materia.
Seis. — Ambivalencia y equilibrio. Unión de los dos triángulos (fuego y
agua) y por ello símbolo del alma humana. Para los griegos, hermafrodita
(33). Corresponde a las seis direcciones del espacio (dos por cada dimensión)
(7) y a la terminación del movimiento (seis días de la Creación). Por
ello, número de la prueba y del esfuerzo (37). También se ha establecido relación
del seis con la virginidad (50) y con la balanza.
Siete. — Orden completo, período, ciclo. Está compuesto por la unión del
ternario y el cuaternario, por lo que se le atribuye excepcional valor (43).
Corresponde a las siete direcciones del espacio (las seis existentes más el
centro) (7). Corresponde a la estrella de siete puntas, a la conexión del cuadrado
y el triángulo, por superposición de éste (cielo sobre la tierra) o por
inscripción en su interior. Gama esencial de los sonidos, de los colores y de
las esferas planetarias (55). Número de los planetas y sus deidades, de los
pecados capitales V de sus oponentes (41). Corresponde a la cruz tridunensional
(38). Símbolo del dolor (50).
Ocho. — Octonario, dos cuadrados u octógono (44). Forma central entre
el cuadrado (orden terrestre) y el círculo (orden de la eternidad); por ello,
símbolo de la regeneración. Por su figura tiene relación con las dos serpientes
enlazadas del caduceo (equilibrio de fuerzas antagónicas; potencia espiritual
equivalente a potencia natural) (55). También simboliza, por dicha causa
formal, el eterno movimiento de la espiral de los ciclos (doble linea sigmoidea,
signo del infinito) (9). Por su sentido de regeneración fue en la Edad Media
número emblemático de las aguas bautismales. Además, corresponde, en la
mística cosmogónica medie\al, al cielo de las estrellas fijas, que simboliza
la superación de los influjos planetarios.
Nueve.—Triángulo del ternario. Triplicidad de lo triple. Imagen completa
de los tres mundos. Límite de la serie antes de su retorno a la unidad
(43). Para los hebreos, el nueve era el símbolo de la verdad, teniendo
la característica de que multiplicado se reproduce a sí mismo (según la
adición mística) (4). Número pOr excelencia de los ritos medicinales, por
representar la triple síntesis, es decir, la ordenación de cada plano (corporal,
intelectual, espiritual) (51).
Diez. — Retorno a la unidad según los sistemas decimales. Relacionado
con el cuatro en la Tetractys, cuyo triángulo de puntos: cuatro, tres, dos,
uno, suma diez. Símbolo de la realización espiritual, pero también puede
expresar la unidad actuando como número par (ambivalencia) o al comienzo
de una nueva serie total (44). En algunas doctrinas, la década simboliza la
totalidad del universo, así metalisico como material, pues eleva a la unidad
Números 331
todas las cosas (9). El diez fue llamado número de la perfección desde el
antiguo Oriente, a través de la escuela pitagórica, hasta san Jerónimo (50).
Once. — Transición, exceso, peligro. Número del conflicto y del martirio
(37). Según Schneider, tiene carácter infernal, p or exponer desmesura
(exceso sobre el número de la perfección, diez) (50) y a la vez corresponde
como el dos a la mandorla de la montaña, al foco de inversión y de la antítesis,
por ser uno más uno (como el dos, en cierto modo) (51).
Doce. — Orden cósmico, salvación. Número de los signos zodiacales, modelo
de las ordenaciones en dodecanario. Ligado a la idea de espacio y tiempo,
a la de rueda o círculo.
Trece. — Muerte y nacimiento, cambio y reanudación tras el final (37).
Por esto marcado característicamente con un valor adverso.
Otros números. — El catorce es el número de la fusión y de la organización
(37), también de la justicia y de la templanza (59); el quince tiene un
notable valor erótico y se relaciona también con el diablo (59). En los otros
que pudiéramos citar, hasta el veintidós, hay relación con el correspondiente
significado del arcano del Tarot de la misma cifra, o el sentido deriva de
la fusión de los componentes simples. Dos son las modalidades como pueden
fundirse los números; por adición m ístic a ; por ejemplo, 374 = 3 + 7 + 4 = 14
( = 1 + 4 = 5) o por sucesión, estableciendo que el número de la derecha expresa
el resultado de la acción del anterior; así 21 expresa reducción de un
conflicto (dos) a la solución (unidad). También poseen significados por causas
ajenas al intrínseco simbolismo del número, derivadas de causas tradicionales
; por ejemplo, el 24 es la cifra sagrada de la filosofía Sankya; el 50 aparece
con gran frecuencia en la mitología griega (expresando a lo que creemos
la potenciación de lo erótico y humano, que caracteriza el mito helénico),
pues cincuenta son las danaides, los argonautas, los hijos de Príamo, los de
Egipto, etc. La repetición de un número consolida su poder en lo cuantitativo,
pero le resta dignidad en lo espiritual. En el Apocalipsis, 666 era el
número de la Bestia, por la inferioridad del seis respecto al siete (37). Cuando
en un número se conjugan diversas cualidades de sentido, su simbolismo
se acentúa y consolida. Así el 144 se consideraba muy favorable por sumar 9
(1 + 4 + 4) y componerse de múltiplos de 10 y de 4 y del propio cuaternario
(37). En la Divina Comedia, Dante observó el simbolismo numérico (27).
La obra de Ludwig Paneth tra ta menos del sentido simbólico de los números
que de la interpretación normal que el psicólogo debe darles cuando
aparecen en obsesiones o sueños de personas situadas en el nivel común.
Indicamos estas interpretaciones: Uno, aparece muy raramente, alude al estado
paradisíaco anterior al bien y el mal o dualismo. Dos, equilibrio en
tensión, experiencia de lo escindido: problema, necesidad de análisis, partimiento,
descomposición interior o lucha contra alguien. Tres, síntesis biológica,
nacimiento del hijo, solución de un conflicto. Cuatro, la doble partición
(dos y dos) ya no significa separar (dos) sino ordenar lo separado, por
ello este número simboliza el orden en el espacio y, p or analogía, cualquier
otra organización estable. El griego Simónides ya había dicho: «Es difícil
llegar a ser un hombre superior, tetragonal de mano, de pie y de espíritu,
formando un todo perfecto». Cinco, número que aparece con frecuencia en
la naturaleza animada, por lo cual su eclosión triunfal corresponde a la primavera.
El cinco caracteriza la plenitud orgánica de la vida frente a la
muerte rígida. Tiene sentido erótico. Seis, número especialmente ambiguo,
po r lo general, como el dos, expresa dualismo (2 x 3 o bien 3 X 2). Tiene, sin
embargo, un sentido normativo como el cuatro, frente al sentido de liberación
del cinco y el carácter místico (o conflictivo) del siete. Siete, como

todos los números primos, dato irreductible, expresión de un conflicto, de
una unidad compleja (cuanto más elevado el número primo más grave es
el complejo); puede' tener relación con la luna (7 x 4 = 28 días del mes lunar).
Diez, en su aspecto gráfico (como 10) puede expresar el matrimonio.
Cero, como multiplicador decimal eleva la potencia cuantitativa (en lo
negativo) de un símbolo numérico. El exceso de ceros indica manía de grandezas.
Características generales de los números. — Distingue Paneth entre número
aritmético y número simbólico diciendo que el primero no agrega
condición ninguna al objeto que define sólo por la cantidad, mientras el segundo
tiene un nexo interior con la cosa a la que se refiere, p o r una relación
mística entre lo contado y el número. En aritmética, si se adicionan 1, 1
y 1 se tendrá el 3, pero no la triunidad. En simbolismo, el segundo y el tercer
uno son intrínsecamente diferentes del primero, ya que siempre funcionan
dentro de órdenes temarios que establecen el primer término como elemento
activo, el segundo como pasivo y el tercero como neutro o resultante. Ya
Aristóteles habló de la «estructura cualitativa» del número en contraposición
al carácter amorfo de la unidad aritmética. Respecto a los números elevados
dice Paneth: «La multiplicación de un número acrecienta su poder; así
el 25 y el 15 son símbolos de erotismo. Los números formados po r dos cifras
expresan una relación entre ellos, de izquierda a derecha. Por ejemplo, 23,= 2
(conflicto) 3 (resuelto)». Los números de más de dos cifras pueden descomponerse
y analizarse simbólicamente de diferentes maneras. Así, por ejemplo,
el 338 puede ser igual a 300 más 2 x 19 o bien 3, 3 y 8. El tres es un
AIRE TIERRA
6 7 2
1 5 9
8 3 4
2 7 6
9 5 1
4 3 8
FUEGO AGUA
4 9 2
3 5 7
8 1 6
6 1 8
7 5 3
2 9 4
Numéricos, cuadros mágicos.

número sobre el que nunca se insistirá bastante, por su extraordinario dinamismo
y riqueza simbólica. El valor resolutivo del tercer elemento, queremos
indicar, puede tener un aspecto favorable, pero también adverso. Por ello
aparecen en mitos y leyendas, constantemente, tres hermanos, tres pretendientes,
tres pruebas, tres deseos (42). El elemento uno y el dos corresponden
en cierto modo a lo que se tiene; el tercer elemento es la resolución mágica,
milagrosa, que se desea, se pide y se espera. Pero este tercer elemento, como
decíamos, puede ser negativo. Así como hay leyendas en que, donde fracasan
el primero y el segundo (pasa a veces con seis, y vence el séptimo), triunfa el
tercero, la inversión del símbolo produce el resultado contrario, es decir,
que a dos datos favorables (que suelen ser crecientes), sucede un tercero destructor,
o negativo. Por ejemplo, en los dones de los Reyes Magos al Niño
Jesús, le ofrecen oro, incienso (positivos) v mirra (negativo). Casi todos los
mitos o cuentos en que se citan tres cálices, tres cofres o tres habitaciones,
e l tercer elemento corresponde a la muerte, por la división asimétrica del
ciclo vital; dos terceras partes son ascendentes (infancia-adolescencia, juventud-
madurez), pero la última es descendente (vejez-muerte). Un cuento hebreo
llamado La verdadera felicidad expresa con exactitud este símbolo
del «tercer elemento». Lo transcribimos de Loeffler por su valor ejemplar:
«Un campesino y su esposa, descontentos de su suerte, envidiaban a los
habitantes de un palacio, de los cuales se representaban la existencia como
continuación no interrumpida de delicias. Trabajando el campo, el hombre encontró
tres cofres de hierro. En el primero, una inscripción decía: «Quien
me abra se volverá rico». En el segundo se leía: «Si el oro te hace dichoso,
ábreme». En el tercer cofre: «Quien me abre, pierde todo lo que posee». El
primer cofre fue pronto abierto y con la plata que contenía, la pareja celebró
enormes festines, compró espléndidos vestidos v esclavos. El contenido
del segundo cofre permitió a los protagonistas descubrir el lujo de los refinamientos
estéticos. Pero a la apertura del tercero, una terrible tempestad destruyó
la totalidad de sus bienes» (38). Este simbolismo tiene relación con el
del ciclo anual asimétrico (primavera-verano-otoño contra invierno) y con
todos los símbolos de «lo superior», siempre peligroso. Finalmente, en lo que
respecta al simbolismo de los números, existen también interpretaciones visuales,
que se derivan de la figura de las cifras, pero constituyen una especia’ización
no siempre fundamentada.