AÑO 2017


Este blog contiene casi todos los materiales de lectura del curso de Introducción a la Teoría Literaria.

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Grupo A -martes y viernes de 10 a 12.30hs -
Prof. Adj. (int.) Dra. Claudia Pérez, Col. Hon. Maite Vanesa Artasánchez

Horario de consulta: miércoles de 17.30 a 18.30hs.



Grupo B - miércoles y viernes de 18.30 a 21hs.
Asist. Pilar de León, Ayud. Stefan Martchenko



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Claudia Pérez - oliviapz@gmail.com

Maite Vanesa Artasánchez - maitevanesa@gmail.com

Pilar de León - piludeleon@gmail.com

Stefan Martchenko - stefanmg7@gmail.com


Bienvenida

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Programa - Indice de Lecturas 1er. parcial




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26 may. 2013

Episodio de Tom Bombadil

Iarwain ben-adar en sindarin, que significa «el más viejo y el que no tiene padre; Los enanos le llaman «Forn», que en escandinavo quiere decir ‘antiguo’ y ‘que pertenece al pasado’. Los hombres le llaman «Orald», en alemán se puede traducir como ‘muy antiguo’. Todos tienen en común que aparentemente significan ‘viejo’


"Pero había olvidado a Bombadil, si en verdad éste es el mismo que caminaba hace tiempo por los bosques y colinas, y ya era el más viejo de todos los viejos.  No se llamaba así a la sazón. Iarwain Ben-adar lo llamábamos: el más antiguo y el que no tiene padre. Aunque otras gentes lo llamaron de otro modo: fue Forn para los enanos, Orald para los Hombres del Norte y tuvo muchos otros nombres.  Es una criatura extraña, pero quizá debiéramos haberlo invitado a nuestro Concilio.
      -No hubiese venido -dijo Gandalf.
      -¿No habría tiempo aún de enviarle un mensaje y obtener su ayuda? -preguntó Erestor-.  Parece que tuviera poder aún sobre el Anillo.
      -No, yo no lo diría así -respondió Gandalf -. Diría mejor que el Anillo no tiene poder sobre él.  Es su propio amo.  Pero no puede cambiar el Anillo mismo, ni quitar el poder que tiene sobre otros.  Y ahora se ha retirado a una región pequeña, dentro de límites que él mismo ha establecido, aunque nadie puede verlos, esperando quizás a que los tiempos cambien, y no dará un paso fuera de ellos.
      -Sin embargo dentro de esos límites nada parece amedrentarlo -dijo Erestor-. ¿No tomaría él el Anillo guardándolo allí, inofensivo para siempre?
      -No -dijo Gandalf -, no voluntariamente.  Lo haría si la gente libre del mundo llegara a pedírselo, pero no entendería nuestras razones.  Y si le diésemos el Anillo, lo olvidaría pronto, o más probablemente lo tiraría.  No le interesan estas cosas.  Sería el más inseguro de los guardianes y esto solo es respuesta suficiente. -De cualquier modo -dijo Glorfindel- enviarle el Anillo sería sólo posponer el día de la sentencia.  Vive muy lejos.  No podríamos llevárselo sin que nadie sospechara, sin que nos viera algún espía.  Y aunque fuese posible, tarde o temprano el Señor de los Anillos descubriría el escondite y volcaría allí todo su poder. ¿Bombadil solo podría desafiar todo ese poder?  Creo que no.  Creo que al fin, si todo lo demás es conquistado, Bombadil caerá también, el Ultimo, así como fue el Primero y luego vendrá la noche.
      -Poco sé de Iarwain excepto el nombre -dijo Galdor-, pero Glorfindel, pienso, tiene razón.  El poder de desafiar al enemigo no está en él, a no ser que esté en la tierra misma. ". (El Concilio de Elrond).


(…)

Luego, otra voz, clara, joven y antigua como la primavera, como el canto de un agua gozosa que baja a la noche desde una mañana brillante en las colinas, cayó como plata hasta ellos:

¡Que los cantos empiecen! Cantemos todos juntos,
el sol y las estrellas, la luna, las nubes y la lluvia,
la luz en los capullos, el rocío en la pluma,
el viento en la colina, la campana en los brezos,
las cañas en la orilla, los lirios en el agua,
¡el viejo Tom Bombadil y la Hija del Río!

Y con esta canción los hobbits llegaron al umbral, envueltos todos en una luz dorada.

7

EN CASA DE TOM BOMBADIL

Los cuatro hobbits franquearon el ancho umbral de piedra y se detuvieron, parpadeando. La habitación era larga y baja, iluminada por unas lámparas que colgaban de las vigas del cielo raso y en la mesa de madera
oscura y pulida había muchas velas altas y amarillas, de llama brillante. En el extremo opuesto de la habitación, mirando a la puerta de entrada, estaba sentada una mujer. Los cabellos rubios le caían en largas ondas sobre los hombros; llevaba una túnica verde, verde como las cañas jóvenes, salpicada con cuentas de plata como gotas de rocío y el cinturón era de oro, labrado como una cadena de azucenas y adornado con ojos de nomeolvides, azules y claros. A sus pies, en vasijas de cerámica verde y castaña, flotaban
unos lirios de agua, de modo que la mujer parecía entronizada en medio de un estanque.

-¡Adelante, mis buenos invitados! -dijo y los hobbits supieron que eraaquella voz clara la que habían oído en el camino. Se adelantaron tímidamente unos pasos, haciendo reverencias, sintiéndose de
algún modo sorprendidos y torpes, como gentes que habiendo golpeado una puerta para pedir un poco de agua, se encuentran de pronto ante una reina élfica, joven y hermosa, vestida con flores frescas. Pero antes de que pudieran pronunciar una palabra, la joven saltó ágilmente por encima de las fuentes de lirios y corrió riendo hacia ellos; y mientras corría la túnica verde susurraba como el viento en las riberas floridas de un río.
-¡Venid, queridos amigos! -dijo ella tomando a Frodo por la mano-. ¡Reíd yalegraos! Soy Baya de Oro, Hija del Río. -En seguida pasó rápidamente ante ellos y habiendo cerrado la puerta se volvió otra vez, extendiendo los brazos blancos.- ¡Cerremos las puertas a la noche! -dijo-. Quizá todavía tenéis miedo
de la niebla, la sombra de los árboles, el agua profunda, las criaturas del bosque. ¡No temáis! Pues esta noche estáis bajo techo en casa de Tom Bombadil.

Los hobbits la miraron asombrados y ella los observó a su vez, uno a uno, sonriendo.
-¡Hermosa dama Baya de Oro! -dijo Frodo al fin, sintiendo en el corazón una alegría que no alcanzaba a entender. Estaba allí, inmóvil, como había estado otras veces escuchando las hermosas voces de los elfos, pero ahora el encantamiento era diferente, menos punzante y menos sublime, pero más profundo y más próximo al corazón humano; maravilloso, pero no ajeno-.
¡Hermosa dama Baya de Oro! -repitió-. Ahora me explico la alegría de esas canciones que oímos.

¡Oh delgada como vara de sauce!
¡Oh más clara que el agua clara!
¡Oh junco a orillas del estanque! ¡Hermosa Hija del Río!
¡Oh tiempo de primavera y tiempo de verano, y otra vez primavera!
¡Oh viento en la cascada y risa entre las hojas!

Frodo calló de pronto, balbuciendo, sorprendido al oírse decir esaspalabras. Pero Baya de Oro rió.

-¡Bien venido! - dijo -. No había oído que la gente de la Comarca fuera de lengua tan dulce. Pero entiendo que eres amigo de los elfos; así lo dicen la luz de tus ojos y el timbre de tu voz. ¡Un feliz encuentro! ¡Sentaos y esperemos al Señor de la casa! No tardará. Está atendiendo a vuestros animales cansados.
Los hobbits se sentaron complacidos en unas sillas bajas de mimbre, mientras Baya de Oro se ocupaba alrededor de la mesa; y los ojos de ellos seguían con deleite la fina gracia de los movimientos de la joven. De algún sitio detrás de la casa llegó el sonido de un canto. De cuando en cuando alcanzaban a oír, entre muchos derry dol, alegre dol, y toca un don dilló, unas palabras que se repetían:

El viejo Tom Bombadil es un sujeto sencillo,
de chaqueta azul brillante y zapatos amarillos.
Hermosa dama! -dijo Frodo al cabo de un rato -. Decidme, si mi preguntano os parece tonta, ¿quién es Tom Bombadil?
-Es él -dijo Baya de Oro, dejando de moverse y sonriendo.Frodo la miró inquisitivamente.
-Es como lo has visto -dijo ella respondiendo a la mirada de Frodo-. Es el Señor de la madera, el agua y las colinas.
-¿Entonces estas tierras extrañas le pertenecen?
-De ningún modo -dijo ella y la sonrisa se le apagó-. Eso sería en verdad una carga -susurró-. Los árboles y las hierbas y todas las cosas que crecen o viven en la región no tienen otro dueño que ellas mismas. Tom Bombadil es el Señor. Nadie ha atrapado nunca al viejo Tom caminando en el bosque, vadeando el río, saltando en lo alto de las colinas, a la luz o a la sombra. Tom Bombadil no tiene miedo. Es el Señor. (…)


 'Fair lady!' said Frodo again after a while. 'Tell me, if my asking does not seem foolish, who is Tom Bombadil?' 'He is,' said Goldberry, staying her swift movements and smiling. Frodo looked at her questioningly. 'He is, as you have seen him,' she said in answer to his look. 'He is the Master of wood, water, and hill.' 'Then all this strange land belongs to him?' 'No indeed!' she answered, and her smile faded. 'That would indeed be a burden,' she added in a low voice, as if to herself. 'The trees and the grasses and all things growing or living in the land belong each to themselves. Tom Bombadil is the Master. No one has ever caught old Tom walking in the forest, wading in the water, leaping on the hill-tops under light and shadow. He has no fear. Tom Bombadil is master.'


Fragmento
http://www.druzhbanarodov.com.ua/downloads/JRR%20Tolkien%20-%20El%20Senor%20de%20los%20Anillos%20-%20La%20Comunidad%20del%20Anillo.pdf

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17 may. 2013

Como latas de cerveza vacías. Ernesto Cardenal





Como latas de cerveza vacías y colillas

de cigarrillos apagados, han sido mis días.

Como figuras que pasan por una pantalla de televisión

y desaparecen, así ha pasado mi vida.

Como los automóviles que pasaban rápidos por las carreteras

con risas de muchachas y música de radios...

Y la belleza pasó rápida, como el modelo de los autos

y las canciones de los radios que pasaron de moda.

Y no ha quedado nada de aquellos días, nada,

más que latas vacías y colillas apagadas,

risas en fotos marchitas, Boletos rotos,

y el aserrín con que al amanecer barrieron los bares.


http://www.amediavoz.com/cardenal.htm#10. Como latas de cerveza vacía y colillas...   __________________

La rima vacua. Ma. Eugenia Vaz Ferreira



La rima vacua



Grito de sapo
llega hasta mí de las nocturnas charcas...
la tierra está borrosa y las estrellas
me han vuelto las espaldas.


Grito de sapo, mueca
de la armonía, sin tono, sin eco,
llega hasta mí de las nocturnas charcas...


La vaciedad de mi profundo hastío
rima con él el dúo de la nada.

http://www.amediavoz.com/vazferreira.htm#LA RIMA VACUA  

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12 may. 2013

Hans-Ulrich Gumbrecht en Montevideo

Conferencia de Hans-Ulrich Gumbrecht en Montevideo



 
El Dr. Gumbrecht, de la Universidad de Stanford, disertará el viernes 17 de mayo a las 18:30 hs. sobre:

 
La epistemología unidimensional de Denis Diderot



Sala de actos de la Embajada de Alemania en el Uruguay

La Cumparsita 1435 (esq. Barrios Amorin)

Plaza Alemania

11200 Montevideo



Auspician:


Departamento de Historia y Filosofía de las Ciencias de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Universidad de la República.

Seminario de Análisis de la Comunicación de Ciencias de la Comunicación, Universidad de la República.




Hans Ulrich Gumbrecht


Hans Ulrich Gumbrecht (Würzburg, Alemania, 1948) estudió lenguas romances y filología alemana, filosofía y sociología en Alemania, Italia y España. Fue profesor en las universidades de Bochum y Siegen y profesor visitante en las de Río de Janeiro, Buenos Aires, Berkeley, Princeton, Barcelona, así como en la École des Hautes Études en Sciences Sociales de París.

Ocupa en la actualidad la cátedra Albert Guérard de literatura comparada en la Universidad de Stanford (Estados Unidos), en donde ha organizado algunos de los congresos interdisciplinarios más importantes de los últimos años: Writing / Écriture / Schrift, Más allá del dualismo. Convergencias epistemológicas entre ciencias y humanidades, El cuerpo del atleta, Cuerpo / Ética. Es asimismo profesor en la Universidad de Montreal y en el College de France.


Entre su extensa obra podemos citar los siguientes libros, traducidos al castellano: Producción de presencia. Lo que el significado no puede transmitir (Universidad Iberoamericana), En 1926. Viviendo al borde del tiempo (Universidad Iberoamericana), Los poderes de la filología (Universidad Iberoamericana), Elogio de la belleza atlética (Katz), Lento presente. Sintomatología del nuevo tiempo histórico (Escolar y Mayo), etc. Sus contribuciones en el campo de la filosofía, la teoría literaria, la teoría de los medios o la historia cultural del cuerpo, le convierten en uno de los filósofos más importantes de nuestros días.

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12 mar. 2013

Microlecturas.

Microlecturas.



Síntesis conceptual y selección de pasajes. Claudia Pérez


Extraído de: Nathalie Kremer. "La lectura como cuadro: la microlectura entre revelación y reescritura". En Complicaciones de texto: las microlecturas. Fabula LHT, Nº3, 1º de setiembre de 2007.


La microlectura es revelación puntual de una polisemia del texto literario. Esta afirmación de Jean-Marie Goulemot, que va a servir aquí de punto de partida para una reflexión sobre la práctica de las microlecturas, se ubica en la línea de una concepción mallarmeana de la poesía como pluralidad de sentido inscrita en el poder sugestivo de la palabra –concepción de la que es heredera la teoría estética de Adorno, o la del primer Roland Barthes. Sin avanzar más sobre esta filiación, ni sondear los antecedentes de esta concepción de la literatura, aislaremos los tres presupuestos que adelanta J.-M. Goulemot en esta simple aserción. Además de la polisemia de la literatura – idea que presenta el texto literario como un reservorio de sentido con muchos fondos, pasible por lo tanto de muchas interpretaciones – retenemos aquí el de la "puntualidad" de la lectura, que supone una detención de la mirada, una proximidad de la misma sobre el elemento literario, su engrosamiento bajo la lupa. En fin, la lectura como revelación, que presenta un más allá de la relación de comprensión entre el texto literario y la lectura del texto en beneficio de una concepción aprehendida como descubrimiento. En efecto, la revelación implica no solo la presencia de un sentido oculto que hay que sacar a la luz, sino que consiste también en una investidura de sentido dada por el lector en el texto, que arroja una nueva luz sobre las palabras: "Leer, es constituir y no reconstituir un sentido", explicita J.-M. Goulemot. Al lector incumbe la tarea de construir un sentido dando a las secuencias del texto una visión de conjunto. Nos interrogaremos aquí sobre la apuesta a una lectura semejante, llevada a cabo por el "microlector", que pasa bajo la lupa las palabras del texto en una lectura paciente y casi estática, para amplificarlas hasta el extremo. Nuestro discurso consistirá en pensar la microlectura como un "cuadro" del texto analizado, que toma forma en un encuentro entre la lectura y la reescritura de la obra. Esos dos elementos serán, en efecto, conjugados conjuntamente en esta reflexión sobre la práctica de la microlectura, en la medida en que esta se presenta, por un lado, como una lectura obsesionada por el deseo de reescribir la obra y, por otro, como reescritura que reconstruye menos una progresión del pensamiento que un comentario que inmoviliza la obra, y la transforma en cuadro.

El microlector se distingue del simple lector en la medida en que su acercamiento al texto supera el nivel de la toma de conocimiento del contenido informativo o emotivo por medio de la decodificación de la estructura significante, para acceder al nivel de l lectura-análisis, que privilegia el procedimiento particularizador. El análisis consiste en explorar la polisemia del texto liberando los campos semánticos de las palabras, y redisponiendo los diferentes sentidos connotados en el seno del discurso comentador. El microlector da también una dirección a su lectura, ubicando las secuencias narrativas comentadas, tomadas en sus estructuras derivadas o metafóricas, en un movimiento que consiste en redistribuirlas en el seno de su propio discurso. La redisposición de elementos del texto implica un desplazamiento tanto desde el punto de vista escenográfico como temático, como veremos.

De esta manera, el análisis bajo la lupa de las palabras del texto conduce a una trascendencia de la obra, por aproximación de elementos separados y su redisposición en el discurso comentador. La hipótesis que sostiene esta posibilidad de la lectura presenta el texto como portador de su propia interpretación, que propone al lector a través de las redundancias y las metáforas de la escritura. Este es el problema que ha señalado Michel Charles en el curso de diferentes microlecturas que ha llevado a cabo, y que enuncia así a propósito de su análisis de Adolphe de Benjamin Constant: “No se puede mantener hasta el extremo una separación efectiva de las funciones narrativas y las funciones interpretativas”. La investidura de sentido en el texto es posible solo con una actitud de sujeción de la lectura-análisis al texto, para discernir la parte interpretativa de los elementos. La paradoja no es más que aparente, porque es en la redisposición de los elementos, tomados en su sentido connotado o metafórico, que toma forma la microlectura.

(....)

Se trata de mostrar que un pasaje solo del libro permite a M. Charles multiplicar los elementos de su análisis, conforme al principio de polisemia del texto, a los efectos de construir, y conducir, una cierta lectura. (...) La lectura de M. Charles funciona como una “revelación puntual”, ya como el descubrimiento de un sentido latente que sobresale del pasaje analizado y lo ilumina por medio de la perspectiva más amplia en la que lo inserta, por medio de la confrontación y la redisposición de varias secuencias narrativas. (...)

Se trata de un caso de “complicación” del texto, que revela el procedimiento propio de la microlectura.(...) [Una ] metáfora da lugar a varias lecturas posibles, de entre las cuales una es destilada por el microlector para llevarla en la dirección de su análisis. Del mismo modo, varios análisis son posibles a partir de una misma secuencia narrativa estudiada, en la medida en que es capaz de fundar muchas estructuras semánticas. (...) La polisemia del texto permite elaborar varios sistemas metafóricos ligados en una óptica trascendente a la obra. Esos sistemas metafóricos no son exclusivos mutuamente; forman, mejor dicho, según la expresión de Roland Barthes, un “plural” en el sentido de diseminación; o mejor aún, como explicaba Borges, hacen del libro ese “centro de innumerables relaciones”, “susceptible de una ambigüedad, de una plasticidad infinitas”.

La microlectura se presenta entonces como una actividad de destilación de un sentido derivado o sugerido de las palabras para conferir a lo diseminado del discurso una nueva continuación. Eso se construye precisamente en los lugares donde el texto se bifurca, es decir, allí donde los elementos de la trama hubieran podido estar dispuestos de otro modo o preparar otro sentido. En lo profundo de esas bifurcaciones aparecen ramas de sentido que es posible plegar en la dirección de la lectura operada, según la redisposición de los sistemas metafóricos del texto. Este ensamblaje de sentido se basa en el texto mismo: es el trabajo del lector de hacer surgir de la obra misma los elementos de análisis a partir de los nudos de complejidad. (...) la estructura no designa un principio de orden preexistente en el texto, pero sí la “respuesta” de un texto a la lectura. El texto propone su propio análisis: propone, dicho de otro modo, su propia lectura al lector. El microlector opera un simple trabajo de extracción del valor interpretativo de los elementos, que redispone luego confrontando los elementos polisémicos que brotan en las bifurcaciones de la trama. La lectura se hace reescritura: la misma inventio da lugar a una nueva dispositio.

(...)

La microlectura se presenta aquí no solamente como una lectura comentada del texto literario, pero sobretodo como una lectura en un punto, tanto que pinta la imagen misma de ese texto: la reescritura no es más que un cuadro del texto – cuadro gráfico en la medida en que es reflejo del texto primero (visualmente presente en el margen del texto comentador), cuadro temático porque ilumina otra perspectiva sobre el mismo tema. Ofrece también al lector a ver en el texto una imagen particular y precisa del mismo, si bien es susceptible de muchas interpretaciones. (...) Una lectura-reescritura ofrece una versión entre otras del texto: en tanto cuadro del texto, se detiene y fija una imagen particular de lo que el texto ofrece a la lectura.

Así concebida, la microlectura toma forma en la encrucijada de la lectura (recepción) y de la escritura (producción): en lo que sigue queremos estudiar desde más cerca la relación que mantienen para discernir mejor el gesto que tienen en común la lectura y la escritura, y luego, lo que las separa.

La similitud se sitúa en la lentitud que conduce a la inmovilidad de la marcha. Las palabras de la crítica no concurren para avanzar sino para atravesar: no dicen nada, revelan. En el caso de la obra literaria también, las palabras no refieren, significan puramente. Es lo que quiso decir el crítico holandés Paul Rodenko: "la obra de arte lleva al lector a detenerse", en el doble sentido de inmovilizarse y callar. Se abre al silencio, es decir, hace callar las palabras pero abre la mirada haciéndole ver una imagen "otra", inhabitual, particular de la vida. Para explicitar esta concepción de literatura, Paul Rodenko propone la imagen de la cerradura: puede decirse que el arte consiste en una visión del mundo a través del agujero de la cerradura (y ninguna necesidad de ser psicólogo para saber que percibimos las cosas más interesantes, más intensas, a través del orificio de una cerradura en la vida normal. ¿Por qué se apagan las luces en el teatro al levantarse el telón sino para crear una ilusión de cerradura? Es por eso que la vida sobre la escena parece siempre más colorida y más intensa. Es una vida de superficie, no superficial. La pintura llega al mismo efecto por el encuadre, que aísla el cuadro del mundo circundante, y la poesía por....los puntos suspensivos.

La literatura, y el arte en general, ofrecería ante la vista del lector una imagen encuadrada, agrandada y enlentecida, según la técnica del primer plano. El arte sería la forma de mirar la realidad a través del ojo de una cerradura, que propone al ojo que lee una imagen aislada y encuadrada de lo que evoca. La imagen es alienante en la medida en que ofrece un aspecto particular, aislado de lo real deteniendo el flujo de la vida. Como señala Odile Heynders, Paul Rodenko se muestra aquí heredero del formalismo ruso de Schklovski, quien describía los poemas de los cuales los grandes escritores subrayan la concepción de la realidad al alienarla: es la estructura de la obra, la técnica y el estilo de la obra lo que estudia para ver cómo se singulariza lo real y crea un percepción particular del objeto, su visión. La literatura sería una forma de microlectura de lo real, una descripción fragmentada de las cosas, renombrándolas de forma inhabitual, experimentándolas como nuevas y extrañas. Detener la lectura al pasar un elemento del flujo de la vida bajo la lupa: suspender la linealidad de la experiencia para focalizar sobre un detalle y hacerla ver de otro modo. Esta concepción de la literatura trata de explicar lo que quiere hacer ver al lector: si el poema es un orificio de cerradura sobre la vida, la crítica es la llave del poema.

La intensidad del arte supone una suspensión de aquel que mira y calla, así hace el microlector, que calla – ¿qué es la paráfrasis sino la repetición de lo mismo, sino el silencio en palabras? Si el escritor y el microlector comparten esta técnica del primer plano, la detención de la mirada no es, sin embargo, del mismo orden en los dos casos. La microlectura es productora de una imagen del texto pero, como toda reproducción mimética, es irreductible al original. Por allí llegamos a considerar lo que distingue la reescritura de la escritura primera del texto, y retenemos dos elementos importantes: se trata del comentario como glosa y la ruptura de la linealidad.



En primer lugar, la reescritura-escritura del texto es irreductible al original porque forma una práctica metadiscursiva si entendemos por esta, según la definición propuesta por Jiri Sramek, "un discurso comentador de un relato primero", que permite establecer una visión teórica de ese relato primero. La visión teórica sobresaliente se elabora en la aparición a partir de un procedimiento de amplificación : las palabras son retomadas con sus equivalentes y derivadas, de modo que la glosa se aproxima lo máximo al discurso primero. Sin embargo propone otra disposición de los elementos analizados, y es siempre resultado de un segundo tiempo, de un gesto posterior al gesto primero de la escritura. La aproximación máxima entre la glosa y el discurso primero tiene por objetivo pensar en él y mostrar la evidencia, dirigiendo la percepción de forma indirecta al texto. La microlectura no es, por lo tanto, otra cosa que un discurso tautológico del primer texto: tautología que es re-enunciación de lo que la mirada percibe como evidente. Las reflexiones siguientes de Clément Rosset son reveladoras en este aspecto: el secreto de la tautología, lo que podría llamarse su "demonio", en el sentido de embrujamiento y de círculo mágico, es que todo lo que puede decirse de una cosa termina por volver a la sola enunciación, o re-enunciación, de esa misma cosa. A partir de la tautología, las posibilidades de enunciación, de conceptualización, de argumentación y de contra-argumentación existen hasta el infinito; y son naturalmente ellas, no el simple "argumento tautológico" que no argumenta de hecho sobre nada, que constituyen la tela de un pensamiento y una filosofía.

La tautología permite fijar la mirada sobre un discurso que, por su evidencia, no la detendría: la re-enunciación se presenta como la inmovilización de un movimiento, un recomenzar la escritura que es reiteración de lo mismo. Se podría retomar aquí la metáfora del agujero de la cerradura propuesta por Rodenko para aplicarla al trabajo de lectura del microlector. Sin embargo, en tanto tautología, el metadiscurso del microlector es de otro orden que el discurso analizado, porque flexiona la significación primera para su provecho. El microlector no busca más que desprender uno de los sentidos de la obra, aplanando las direcciones posibles que éste difunde. Uno podría preguntarse si esta marcha de la microlectura consiste en una subversión del texto literario, porque privilegiando una lectura, opera también una racionalización del texto, cuyo sentido es fatalmente ideológico, como lo revelan Lecointre et Le Galliot a propósito de todo metadiscurso. La relación entre el texto analizado y el metadiscurso sería una relación de desvío, en la medida en que el sentido primero de las secuencias narrativas está flexionado en una dirección particular, tomada de la temática y el objeto que persigue el analista. El metatexto, queriendo explicar el texto, constituiría así una reducción y una simplificación que va contra la riqueza polisémica de todo texto literario. Para la mayoría de los especialistas del metatexto, la apuesta verdadera del análisis consiste en domesticar el sistema de significación del libro impreso, para captarlo de un cierto modo destruyendo la polisemia. Nuestro ejemplo muestra que la microlectura revela sin embargo no una reducción sino una operación de la polisemia de la obra, para exhibirla y profundizarla. Cada microlectura, en tanto gesto de recepción productiva de la obra, conforma una tentativa de reescritura de la obra que propone una "polisemia segunda" del texto. Que este gesto sea calificado de desvío o de redisposición, comporta siempre una parte de productividad que va de la mano con una fragmentación de la obra. En efecto, el comentario del texto parafraseado no muestra en el relato presentado sino los fragmentos que se integra a su propia temática y, por medio de la cita, la reminiscencia o la reescritura de ciertos pasajes, les da otro sujeto, otro objeto y otro destinatario. Por más fiel que sea, hasta la cita o la copia, una glosa cambia el valor del texto glosado solamente modificando su enunciación. La reescritura, ya se haga por alusión o citación, se apropia del texto original para flexionarlo en su propósito comentador. En el caso de la cita, la escenografía diferente en la que se inserta alcanza para transformar la escritura en reescritura; en el caso de la alusión, la incorporación del elemento original de la alusión en la paráfrasis sirve a la ilustración de una temática diferente de la primera. La metatextualidad es siempre y antes que nada textualidad, el comentario es escritura e instaura un proceso de transformación y de alienación de la obra que hace aparecer o que refleja.

En esa reescritura del texto que forma el microanálisis por la redisposición de los elementos, la linealidad de origen se rompe, es el segundo apartamiento que hace la escritura irreductible a la escritura primera. Es esencialmente la ruptura de la linealidad la que acarrea cada acto de redisposición que hace de la microlectura un cuadro del texto, en el que todos los elementos de la composición son inmovilizados para reenviarse uno al otro como en una estructura espacial. En su sentido retórico de origen, el cuadro significa la figuración por medio de la pintura: dicho de otro modo, permite ver un texto a través de la puesta en escena de los elementos que concurren juntos a fundar la imagen. Asistimos entonces a una redisposición en el sentido de espacialización del texto, y los diferentes sentidos de los sistemas metafóricos originales están conjugados para fundar juntos una imagen inmóvil, que funciona como una nueva metáfora interpretativa del texto.

La microlectura, en suma, es una actividad de encuentro entre la lectura y la escritura, en la medida en que las dos inmovilizan y aíslan los elementos que perciben. El texto es propuesto a la mirada curiosa del lector como una imagen vista a través del orificio de la cerradura, que suspende la linealidad del texto para amplificar los elementos recibidos. El cuadro que ofrece para mirar el metatexto es una recreación propia del texto original para presentar una imagen particular de él y fijarla. Por medio de ese retomar, desvío de sentido, y la redisposición de elementos comentados, esta imagen es una alienación del texto de origen que está recreado en el seno mismo de las innumerables relaciones del que es portador.



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Wellek y Warren. Teoría literaria.


Entrar igual.

https://docs.google.com/uc?id=0B3NnM3au45jhNmZuSGJ5RGYtV2s&export=download&pli=1

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Crítica y bricolage. Gérard Genette




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11 mar. 2013

Hjelmslev, signo.


Para la complejización del signo en Hjelmslev leer de pág. 35 a 39.


http://es.scribd.com/doc/36421142/diccionario-enciclopedico-de-las-ciencias-del-lenguaje-tzvetan-todorov-oswald-ducrot





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Kristeva: geno-texto y feno-texto


Para aproximarse a estos conceptos leer en el Diccionario enciclopédico de las ciencias del lenguaje. Pág. 397-402.


http://es.scribd.com/doc/36421142/diccionario-enciclopedico-de-las-ciencias-del-lenguaje-tzvetan-todorov-oswald-ducrot

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12 feb. 2013

Eurípides. Hécuba. (fragmento)




ESPECTRO DE POLIDORO ‘.— He venido tras dejar la

subterránea morada de los muertos y las puertas de

la sombra, donde habita Hades apartado de los dioses;

yo, Polidoro, que soy hijo de Hécuba, la de Ciseo, y

de mi padre Príamo, el cual, cuando se cernió sobre

la ciudad de los frigios el peligro de caer bajo la lanza 5

helena, me envió por temor, furtivamente, desde la

tierra troyana hacia la casa de Poliméstor, su huésped

tracio, que siembra esta riquísima llanura del Quer-

soneso, gobernando con su lanza a un pueblo aficio-

nado a los caballos. Mi padre mandó conmigo mucho io

oro a escondidas, para que, si un día caían las mura-

llas de Ilión, no tuvieran sus hijos vivos escasez de

recursos.

Era yo el más joven de los priámidas, y también

por eso me envió fuera del país, pues no era capaz

de llevar armadura ni lanza con mi joven brazo. Pues ís

bien, mientras se mantenían en pie los mojones del

país, estaban incólumes las torres de la tierra troyana,

y mi hermano Héctor tenía éxito con la lanza, de

hermosa manera crecía yo, ¡desdichado de mí!, como 20

un retoño, bajo sus cuidados, en la mansión del tracio

huésped de mi padre. Pero cuando Troya y la vida de

Héctor se perdieron y quedóse el hogar de mi padre

demolido, y él mismo cayó junto al altar construido

1 Este personaje fantasmal aparece en lo alto, sostenido,

tal vez, por la máquina al uso, especie de grúa utilizada para

introducir a los dioses.

302

TRAGEDIAS

por los dioses 2, degollado por el asesino hijo de Aqui-

25 les, el huésped de mi padre •me asesinó a mí, ¡des-

dichado!, por causa del oro, y, tras matarme, me echó

a las olas del mar, para retener el áureo botín en su

palacio. Yazgo unas veces tendido sobre la costa, otras

veces en el reflujo marino, llevado de aquí para allá

30 por los muchos vaivenes de las olas, sin ser llorado,

sin tumba. Ahora me dirijo hacia mi madre Hécuba,

una vez que he abandonado mi cuerpo, flotando en

lo alto por tercer día consecutivo ya, durante todo

el tiempo que mi desdichada madre, que viene de

35 Troya, está en esta tierra del Quersoneso. Todos los

aqueos, aquí junto a sus naves, están varados, inacti-

vos, en la costa de esta tierra tracia, pues el hijo

de Peleo, Aquiles, apareciéndose por encima de su

tumba, ha retenido a todo el ejército heleno, cuando

to dirigían ellos el remo marino hacia su casa. Reclama

a mi hermana Políxena para recibirla como sacrificio

grato para su tumba y como honor. Conseguirá eso,

y no quedará sin regalo por parte de sus amigos. El

destino conduce a mi hermana a morir en este día.

45 Mi madre verá ante ella cadáveres de dos hijos, el

mio y el de mi desdichada hermana. Pues me apare-

ceré para conseguir un sepulcro, ¡desgraciado de mí!,

delante de sus pies de esclava, entre el oleaje. Pues

so a los que tienen poder abajo les pedí obtener una

tumba y caer en brazos de mi madre. Pues bien, mi

tarea será conseguir cuanto quería. Me voy a retirar

de la vieja Hécuba, pues he aquí que encamina su pie

junto a la tienda de Agamenón, amedrentada de mi

ss aparición. ¡Ay! ¡Oh madre que procediendo de un

palacio real viste el día de la esclavitud! ¡Tanto mal

2 Apolo y Posidón habían construido las murallas de Troya

para Laomedonte, padre de Priamo, que se negó a pagarles

una vez concluida la obra, expulsándolos sin contemplaciones.

HÉCUBA

303

sufres cuanto bien tuviste en 0tro tiempo! Un dios

te aniquila contrapesando tu felicidad de antaño ~.

HÉCUBA ~. — Conducid, oh hijas~ a esta anciana ante

las tiendas, conducid sosteniéndola a la que es hoy 60

tan esclava como vosotras, troyanas~ pero fue antes

reina. Cogedme, llevadme, acompañadme, levantadme

sosteniéndome de mi vieja mano. Y yo, apoyándome en 65

el curvado bastón de mi mano, me apresurare a rea-

lizar la marcha a paso lento de mis. miembros. ¡Oh

relámpago de Zeus, oh noche tenebrosa! ¿Por qué

en la noche me veo así en vilo a5altada por terrores 70

y espectros? ¡Oh venerable tierra, madre de los sueños

de alas negras! Rechazo la visión nocturna que, sobre

mi hijo que esta a salvo en Tracia y sobre mi hija 75

Políxena, [he visto] ~ en sueños, espantosa [visión he

conocido] ~, he tenido.

¡Oh dioses infernales! ¡Salvad a mi hijo, el único so

que, como anda de mi casa todavía, habita en la nivosa

Tracia bajo los cuidados del huésped de su padre!

¿Ocurrirá algo nuevo? ¿Llegará un canto de gemidos

a quienes gimen? Jamás mi corazón se agita, teme, 85

con tanta obstinación. ¿Dónde puedo ver el alma divina

de Héleno y de Casandra 6, troyanas~ para que inter-

preten mis sueños? Pues he vistO una cierva moteada, 90

La idea de que la divinidad, envidiosa de la excesiva for-

tuna de los hombres, contrabalancea la felicidad con el dolor,

está muy arraigada en el pensamientO griego arcaico.

4 Monodia de Hécuba, que entra lentamente. Este solo lírico

introduce la nota dominante de su fisura patética: en su sole-

dad se ve amenazada por funestos p~e5agios. La insistencia de

Eurípides en el paso torpe de los viejos es frecuente (Bacan-

tes 364-5, Andrómaca 747-8, Fenicias $41 y sigs.). Es un rasgo

realista para subrayar su indefensión e inferioridad física.

~ Pasajes interpolados.

6 Heleno y Casandra, hijos de p~4amo y Hécuba, tenían el

don de la profecia. Héleno se refugió en el Epiro. donde recibió

a Eneas (Eneida III 345 y sigs.).

304

TRAGEDIAS

degollada por la sangrienta zarpa de un lobo, tras

haberla arrancado de mi regazo por la fuerza. Y mí

miedo es el siguiente. Ha aparecido sobre lo más alto

de su túmulo el espectro de Aquiles. Exigía como

95 honor una de las muy sufridas troyanas. De mi hija,

de la mía, apartad esto, espíritus divinos, os lo suplico.     http://historiantigua.cl/wp-content/uploads/2011/08/euripides-obras-completas.pdf     ______________________________