AÑO 2017


Este blog contiene casi todos los materiales de lectura del curso de Introducción a la Teoría Literaria.

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Grupo A -martes y viernes de 10 a 12.30hs -
Prof. Adj. (int.) Dra. Claudia Pérez, Col. Hon. Maite Vanesa Artasánchez

Horario de consulta: miércoles de 17.30 a 18.30hs.



Grupo B - miércoles y viernes de 18.30 a 21hs.
Asist. Pilar de León, Ayud. Stefan Martchenko



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Claudia Pérez - oliviapz@gmail.com

Maite Vanesa Artasánchez - maitevanesa@gmail.com

Pilar de León - piludeleon@gmail.com

Stefan Martchenko - stefanmg7@gmail.com


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Programa - Indice de Lecturas 1er. parcial




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20 feb. 2011

Ode to the West Wind

Percy Bysshe Shelley. 1792–1822

610. Ode to the West Wind


I


O WILD West Wind, thou breath of Autumn's being

Thou from whose unseen presence the leaves dead

Are driven like ghosts from an enchanter fleeing,


Yellow, and black, and pale, and hectic red,

Pestilence-stricken multitudes! O thou 5

Who chariotest to their dark wintry bed


The wingèd seeds, where they lie cold and low,

Each like a corpse within its grave, until

Thine azure sister of the Spring shall blow


Her clarion o'er the dreaming earth, and fill 10

(Driving sweet buds like flocks to feed in air)

With living hues and odours plain and hill;


Wild Spirit, which art moving everywhere;

Destroyer and preserver; hear, O hear!


II


Thou on whose stream, 'mid the steep sky's commotion, 15

Loose clouds like earth's decaying leaves are shed,

Shook from the tangled boughs of heaven and ocean,


Angels of rain and lightning! there are spread

On the blue surface of thine airy surge,

Like the bright hair uplifted from the head 20


Of some fierce Mænad, even from the dim verge

Of the horizon to the zenith's height,

The locks of the approaching storm. Thou dirge


Of the dying year, to which this closing night

Will be the dome of a vast sepulchre, 25

Vaulted with all thy congregated might


Of vapours, from whose solid atmosphere

Black rain, and fire, and hail, will burst: O hear!


III


Thou who didst waken from his summer dreams

The blue Mediterranean, where he lay, 30

Lull'd by the coil of his crystàlline streams,


Beside a pumice isle in Baiæ's bay,

And saw in sleep old palaces and towers

Quivering within the wave's intenser day,


All overgrown with azure moss, and flowers 35

So sweet, the sense faints picturing them! Thou

For whose path the Atlantic's level powers


Cleave themselves into chasms, while far below

The sea-blooms and the oozy woods which wear

The sapless foliage of the ocean, know 40


Thy voice, and suddenly grow gray with fear,

And tremble and despoil themselves: O hear!


IV

If I were a dead leaf thou mightest bear;

If I were a swift cloud to fly with thee;

A wave to pant beneath thy power, and share 45


The impulse of thy strength, only less free

Than thou, O uncontrollable! if even

I were as in my boyhood, and could be


The comrade of thy wanderings over heaven,

As then, when to outstrip thy skiey speed 50

Scarce seem'd a vision—I would ne'er have striven


As thus with thee in prayer in my sore need.

O! lift me as a wave, a leaf, a cloud!

I fall upon the thorns of life! I bleed!


A heavy weight of hours has chain'd and bow'd 55

One too like thee—tameless, and swift, and proud.


V


Make me thy lyre, even as the forest is:

What if my leaves are falling like its own?

The tumult of thy mighty harmonies


Will take from both a deep autumnal tone, 60

Sweet though in sadness. Be thou, Spirit fierce,

My spirit! Be thou me, impetuous one!


Drive my dead thoughts over the universe,

Like wither'd leaves, to quicken a new birth;

And, by the incantation of this verse, 65


Scatter, as from an unextinguish'd hearth

Ashes and sparks, my words among mankind!

Be through my lips to unawaken'd earth


The trumpet of a prophecy! O Wind,

If Winter comes, can Spring be far behind?


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ODA AL VIENTO DEL OESTE


¡Oh, Viento del Oeste, altivo y fiero!

por quien las muertas hojas -cual fantasmas

que huyeran con pavor de un hechiceronegruzcas

y rojizas y amarillas,

vuelan en asquerosas multitudes.

Tú, que a su lecho llevas las semillas

aladas que reposan en espera

-lo mismo que en su tumba los cadáveresde

que tu hermana la áurea primavera

toque el clarín, y engendren las entrañas

de la tierra, rebaños de capullos

perfumados en valles y montañas.

¡Oh poderoso espíritu de lucha!

¡Oh destructor y amparador! ¡Escucha!:

Tú que desprendes de los blancos velos

-como las hojas secas de los árboles

enlazados del mar y de los cieloslos

rayos y la lluvia y desparramas

en la azulada aérea superficie

-como erizada cabellera en llamas

de alguna Ménade terrible- desde el lúgubre

borde del mismo cenit a las puertas

de la nueva borrasca, el canto fúnebre

del año en estertor -del cual la noche

que muere es la alta cúpula de un vasto

sepulcro levantado con derroche

de vapores, de cuya inmensa lucha

fuego y granizo estallarán -¡escucha!:

Tú que del sueño estivo despertaste

al mar Mediterráneo, que dormía

mecido en las corrientes que formaste

de la isla de Baie en la bahía,

do vió en sueños mil mágicos castillos

brillar llenos de musgo, al claro día,

con aspecto tan dulce y tan romántico,

que al pintarlo temblarán los pinceles;

tú, por quien los poderes del Atlántico

se abren en un arcano indescriptible,

mientras lejos, los bosques y las flores

se asustan al oír tu voz terrible,

y locos de terror, con un lamento

se despojan; escucha, escucha, ¡oh Viento!:

Si, hoja muerta, tu aliento me arrastrara,

si, alta nube, llevárasme en tu vuelo,

si, ola sujeta a ti participara

de tu valiente impulso, aun cuando fuera

menos ágil que tú, si por mi dicha

fuera como en la infancia, si pudiera

contigo recorrer el firmamento

y, como entonces, al querer vencerte,

corriera, cual visión, jamás violento,

contigo fuera en la hora del vencido.

Como onda, u hoja o nube, ¡oh viento!, ensálzame,

que las zarzas del mundo me han herido.

Las horas han vencido lentamente

a alguien cual tú, fugaz, libre y valiente.

Tu lira sea cual la selva umbría,

y, si caen mis hojas cual las suyas,

su poderosa y mágica armonía

de ambos recabará un canto otoñal,

dulce, aun en la tristeza. Que tu espíritu

sea el mío, ¡oh Espíritu Vital!

Mis pensamientos lleva al Universo

-¡también fecundan las marchitas hojas!-

y, por la dulce magia de este verso,

dispersa -cual la lumbre inextinguida

centellas y cenizas- mis palabras,

y sean a la tierra adormecida,

profético clarín, que, ¡oh Viento!, espera

tras el invierno la áurea Primavera.


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