AÑO 2017


Este blog contiene casi todos los materiales de lectura del curso de Introducción a la Teoría Literaria.

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Grupo A -martes y viernes de 10 a 12.30hs -
Prof. Adj. (int.) Dra. Claudia Pérez, Col. Hon. Maite Vanesa Artasánchez

Horario de consulta: miércoles de 17.30 a 18.30hs.



Grupo B - miércoles y viernes de 18.30 a 21hs.
Asist. Pilar de León, Ayud. Stefan Martchenko



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Programa - Indice de Lecturas 1er. parcial




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15 jun. 2016

Susana Soca. Memoria (Fragmento)

 Homenaje a María Eugenia Vaz Ferreira
 Entregas de La Licorne. Nº3. 1954

Memoria. SUSANA SOCA

OBJETIVAMENTE no debería hablar de su poesía sino separándola de su
persona, dado que los elementos subjetivos forman alrededor del tema de
María Eugenia un clima para mí inevitable. Pensando hoy insistentemente
en ella, he comprendido que nunca había cesado de pensar. Numerosas
veces escribí acerca de esa figura que venía persiguiéndome desde el principio
y muchas otras veces ella aparecía de manera imprevista entrando
en casas que yo quería describir o hablando con personas imprescindibles
en mis relatos autobiográficos.
Para liberarme del escrúpulo objetivo le daba otros nombres o ninguno,
pero ella aparecía concretamente y he comprendido que hoy sería
igualmente vano evitar la. subjetividad.
Una vez me regaló un libro de A. de Vigny y al dármelo escribió unas
líneas y firmó "M. E. Vaz"; yo abrevio, díjome, pero aprende mi nombre,
como un largo verso. Y recitó una sucesión de nombres de los cuales
recuerdo los de María Eugenia Sofía Vaz Ferreira Ribeiro Freire de Andrade
y Navia Cienfuegos. Ella me dijo preferir el último por algo relacionado
con cien puntas de fuego. Y en mis memorias la he llamado por
el nombre un tanto claudeliano de doña Cienfuegos.
No sé cuándo oí hablar de ella por primera vez. Fué para mí como
esas ciudades desconocidas y familiares en las que sabemos haber estado
en nuestra infancia alguna vez pero no sabemos de qué manera ni cuándo.
Pero recuerdo firmemente el día en que pensé en ella por vez primera.
Recuerdo una tarde, en un teatro, durante el largo entreacto de una larga
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representacron. Y en un momento en que todo parecía ser opaco e interminable,
se abrió la puerta de un antepalco y en el claroscuro, apareció
diciendo algo gracioso y singular, interrumpido, o mejor dicho, seguido
por una risa frecuente, baja e inimitable.
Sé que experimenté entonces una sensación imprevista: la de una ardiente
curiosidad surgiendo del centro mismo de la monotonía. Y una
especie de asombrada gratitud ante el objeto de mi curiosidad. Era la
sensación de una presencia particular y agradable rompiendo el círculo
indefinido de la general ausencia. Y ahora sé que esa presencia era la del
mundo poético y aquélla que involuntariamente habitaba, pensaba y se
movía dentro de ese mundo, hacía participar de él a sus interlocutores
fortuitos. Ellos sin procurar entenderla la seguían bajo la influencia de
un poder de comunicación con todos los elementos mágicos del juego.
Algo centelleante y vivo surgía de ese personaje que precoz y deliberadamente
se había visto a sí mismo como crepuscular. Aquel día, puedo
decir que la encontré; me fascinó la destreza con que se caricaturizaba a
sí misma continuamente diciendo de modo risueño cosas bastante lúgubres.
Hablaba alegremente de la melancolía; su ingenio aparecía protegido
de la angustia por una especie de frivolidad genial, Entre la imagen
de sí misma que daban sus palabras y la imagen vista por nuestros ojos
había una relación parecida a la que existe entre las telas de ciertos pintores
actuales y sus modelos; es decir relación pero no semejanza directa.
y ninguna de sus frases lograban menoscabar la secretamente endente
majestad de su persona.
De aquel primer contacto consciente con ella, guardo una imagen
única en la que lo espiritual y lo físico son inseparables y ahora creo que
la grande humorista quiso satirizar de diversas maneras la propia figura.
Pero era imposible no pasar a través del espejo de lo absurdo que con
una sonrisa ella extendía, y seguirla por un camino desconocido.
Desde el día del teatro, cada vez que oía pronunciar su nombre, silenciosamente
escuchaba. Vagamente sé que brillaba en un círculo interminable
de conversaciones pero los que hablaban de ella, no hablaban de
su poesía. Dos años más tarde, alguien dijo: en este diario hay un verso
de María Eugenia: y yo que no leía diarios, unos minutos después, tímidamente
10 tenía para buscar un verso que debía ser Barcarola. Ese día tuve
una doble revelación. La primera fué que la persona que había escrito esas
líneas podía ser un gran poeta; la segunda :fué de orden personal. Consistió
en saber que para mí la poesía era cosa indispensable porque supe que
todo aquello que yo sentía, balbuceaba, debía expresar de cierta manera,
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estaba dentro del dominio de la poesía aunque concretamente no le hubiere
dado ese nombre.
Algo más tarde recuerdo una habitación con un piano. Era en un
crepúsculo ya próximo a la noche, con una lentitud propia del verano
porque recuerdo que las hojas golpeaban contra los cristales queriendo
prolongarse hacia adentro. Ella tocaba en la semioscuridad. Sus manos
formaban parte del paisaje de las hojas que en un juego de sombras y de
reflejos, se agitaban sobre el teclado con un temblor parecido al que tienen
sobre el agua. Sus manos parecían demasiado pequeñas para el-largo camino
de la música que ellas recorrían. Sensibles, perfectas, eran junto con
su voz y sus ojos las tres gracias naturales que la propia voluntad de destrucción
no había logrado aniquilar. Ella salía del piano como de una parte
de sí misma en la que hubiera debido sumergirse, y sin terminar la pieza,
decía un poema a la noche, y era imposible no ver que un imperioso mensaje,
apenas transformado, continuaba. Su voz era más bien baja, y de tonos
uniformes; decía los poemas con algo de melopea que lógicamente debió
dar una impresión de monotonía a pesar de la calidez de su acento. E inexplicablemente
sucedía lo opuesto; tenía el patetismo interior que no puede
ser descrito, imitado ni olvidado. Decía su verso con todos los acentos
correspondientes al secreto trance que cada una de sus partes le representaba,
con las diversidades más sutilmente individuales. Era la identificación
renovada con la cosa poética vivida y ésta estaba presente, apenas
oculta en el estético plano de la discreción. Conservo en mi memoria el
eco de la palabra "desesperanza" que yo retenía por primera vez. Aparentemente
pronunciada con el mismo tono de las otras, para mí sigue saliendo
de su verso con una lentitud siempre imprevista.
Si hubiese vivido en el centro radiante de una civilización y una
lengua determinada, o en un momento futuro de América en que los
centros equivalentes de ella comunicaran ampliamente entre sí y con el
resto del mundo, sus frases hubieran sido, como ella misma, internacionalmente
célebres. Pero hasta la de su rebeldía está ligada a la tradición
que ella a veces combate y otras deliberadamente representa. Y la
forma peculiar de unir la libertad más excéntrica a la severidad personal
más estricta en lo que a diversos principios religiosos y humanos se refiere.
y a todos ellos aplicaba una máxima transformada en fatalidad poética.
"Sin poder claudicar jamás, jamás".