AÑO 2017


Este blog contiene casi todos los materiales de lectura del curso de Introducción a la Teoría Literaria.

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Grupo A -martes y viernes de 10 a 12.30hs -
Prof. Adj. (int.) Dra. Claudia Pérez, Col. Hon. Maite Vanesa Artasánchez

Horario de consulta: miércoles de 17.30 a 18.30hs.



Grupo B - miércoles y viernes de 18.30 a 21hs.
Asist. Pilar de León, Ayud. Stefan Martchenko



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Programa - Indice de Lecturas 1er. parcial




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20 feb. 2011

Cultura teatral y convivio

 

Teatralidad y cultura actual: la política del convivio teatral



Jorge Dubatti



Universidad de Buenos Aires



Nos abocaremos en estas líneas al desarrollo de dos hipótesis:



1. el teatro resulta complementario de la regionalización cultural por la naturaleza de su lenguaje, basada en el convivio, acontecimiento aurático, no desterritorializable ni mercantilizable, rasgos que convierten al teatro en una práctica naturalmente anticapitalista y antiimperialista, antiglobalizadora y antihegemónica. Sostenemos que el teatro va en contra del proyecto cultural de homogeneización globalizadora de la nueva derecha y la “internacional del capital”.[1] De acuerdo a esta perspectiva, el teatro no es un lenguaje en crisis, sino una expresión contra la corriente, en dirección contraria, resistente. El teatro se manifiesta en el mundo actual como un lenguaje ancestral, que remite a una antigua medida del hombre: la escala reducida a la dimensión de lo corporal, la pequeña comunidad, lo tribal, lo localizado territorialmente. Porque el punto de partida del teatro es el encuentro de presencias.



2. las nuevas condiciones culturales mundiales (y en particular latinoamericanas) la teatralidad adquiere una nueva significación, se redefine como acontecimiento político a partir del valor de lo convivial en tanto resistencia y resiliencia.



1. El convivio, base de la teatralidad



Llamamos acontecimiento teatral [2] a la singularidad, la especificidad del teatro según las prácticas occidentales (Goody, 1999), advertida por contraste con las otras artes o, como afirma Grotowski en Hacia un teatro pobre, por negación de la cleptomanía artística de aquellas poéticas escénicas acostumbradas a “tomar prestados” componentes o artificios de otros campos del arte que no le son “propios”. Decimos “acontecimiento” porque lo teatral sucede materialmente, es praxis, acción humana, sólo devenida objeto por el examen analítico. Desde un enfoque ontológico proponemos redefinir el acontecimiento teatral, en su fórmula nuclear, como una tríada de sub-acontecimientos concatenados causal y temporalmente, de manera tal que el segundo depende del primero y el tercero de los dos anteriores. Los tres momentos de constitución del teatro en teatro son:



El acontecimiento convivial, que es condición de posibilidad y antecedente de...

El acontecimiento de lenguaje o acontecimiento poético, frente a cuyo advenimiento se produce...

El acontecimiento de constitución del espacio del espectador.

El acontecimiento convivial. Sostenemos que el punto de partida del teatro es la institución ancestral del convivio: la reunión, el encuentro de un grupo de hombres y mujeres en un centro territorial, en un punto del espacio y del tiempo, es decir, en términos de Florence Dupont, la base de la “cultura viviente del mundo antiguo”. Conjunción de presencias e intercambio humano directo, sin intermediaciones técnicas ni delegaciones que posibiliten la ausencia de los cuerpos. No se va al teatro para estar solo: el convivio es una práctica de socialización de cuerpos presentes, de afectación comunitaria in vivo, y significa una actitud de rechazo a la desterritorialización sociocomunicacional propiciada por las intermediaciones técnicas (García Canclini, 1995). En tanto convivio, el teatro no acepta ser televisado ni transmitido por satélite o redes ópticas ni incluido en internet o chateado, no admite ser enlatado ni enfrascado, y en consecuencia no puede ser mercantilizado. Afirma la cultura in vivo contra la cultura in vitro. Exige la proximidad del encuentro de los cuerpos en una encrucijada geográfico-temporal, emisor y receptor frente a frente o “modalidad de acabado” –a diferencia de la literatura, cuya modalidad de comunicación es incompleta (Muschietti)-. Sin encuentro de presencias no hay teatro, de allí que podamos reconocer en el convivio el principio –en el doble sentido de fundamento y punto de partida lógico y temporal- de la teatralidad. A diferencia del cine o la fotografía, el teatro exige la concurrencia de los artistas y los técnicos al acontecimiento convivial y, en tanto no admite reproductibilidad técnica, es el imperio por excelencia de lo aurático (Benjamin), de la presencia energética de los cuerpos de artistas, técnicos y público. En el convivio teatral no sólo resplandece el aura de los actores: también la del público y los técnicos. Reunión de auras, el convivio teatral extiende el concepto benjaminiano. El encuentro de auras no es perdurable, dura lo que el convivio: en consecuencia, es también imperio de lo efímero, de una experiencia que sucede e inmediatamente se desvanece y se torna irrecuperable. Si el teatro sólo acontece en la dimensión aurática de la presencia corporal-espiritual de artistas, técnicos y público –conjunción que inicialmente es humana y sólo a posteriori reconocerá la distribución de roles de trabajo-, luego se disuelve y se pierde. Por su efímera dimensión convivial, el teatro –como la experiencia vital- se consume en el momento de su producción y es recuerdo de la muerte. Ricardo Bartís reflexiona sobre el pasado teatral como pérdida: “El teatro es una performance volátil, una pura ocasión, algo que se deshace en el mismo momento en que se realiza, algo de lo que no queda nada. Y está bien que eso suceda, porque lo emparenta profundamente con la vida, no con la idea realista de una copia de la vida, sino con la vida como elemento efímero, discontinuo. En ese sentido el teatro parece contener, al mismo tiempo que la seriedad de la muerte, la mueca ridícula de la muerte, su patetismo, su ingenuidad. En una época hiperartificial, hipervisual, la materialidad del teatro sigue siendo un elemento primitivo, reducido, como una obligación de un devenir cerrado, minoritario: gente grande encerrada en la oscuridad haciendo cosas tontas” (Bartís, 2003). Traspolando en extensión y radicalidad las categorías de A. Deyermond (1996) y R. M. Wilson (1970) para el estudio de la la literatura medieval, puede afirmarse que la historia del pasado teatral es en realidad la historia del teatro perdido.



En el centro aurático del teatro, el arte adquiere una dimensión de peligrosidad de la que el cine carece: el actor puede morir ante nuestros ojos, puede lastimarse, olvidarse el texto, la función se puede interrumpir y suspender. El acontecimiento convivial es experiencia vital intransferible (no comunicable a quien no asiste al convivio), territorial, efímera y necesariamente minoritaria (si se la compara con la capacidad de convocatoria y reproductibilidad técnica del cine o la televisión, ofrecidos simultáneamente en cientos de salas y millones de hogares). En tanto experiencia vital, aparece atravesado por las categorías de la estabilidad y la imprevisibilidad de lo real, está sujeto a las reglas de lo normal y lo posible, a la fluidez, el cambio y la imposibilidad de repetición absoluta, a nuestro mundo común o intersubjetivo, a la realidad compartida (Berger y Luckmann). Lo convivial exige una extremada disponibilidad de captación del otro: la cultura viviente es eminentemente temporal y volátil y los sentidos (en especial la vista y el oído) deben disponerse a la captación permanentemente mutante de lo visible y lo audible, con el peligro de perder aquello que no se repetirá, con el riesgo de pérdida de la legibilidad y la audibilidad.



El acontecimiento poético o de lenguaje. De pronto, en el marco del convivio, se detona un segundo acontecimiento: el lenguaje poético. Generalmente un indicador convencional da la señal de dicho advenimiento: se apagan las luces de sala, se silencia la música, se corre el telón... Se inicia así, en el seno del convivio, un acontecimiento de lenguaje, instauración de un orden ontológico otro, enmarcado por el espacio de la escena, que opera como encuadre de la manifestación del mundo poético. Compromete centralmente el cuerpo de los artistas, su plena dimensión aurática. Si bien se trabaja con la materialidad de los cuerpos, no se trata de un lenguaje natural, sino de una desviación, un écart (de acuerdo con la acertada propuesta del Grupo M, véase Jacques Dubois et al., Retórica general, 1970), que instaura –en términos ontológicos- una physis poética, diversa de la physis natural (Bauzá, 1997, p. 43). Cuerpos biológicos-reales-materiales y cuerpos poéticos. Desde el cuerpo de los actores, el lenguaje poético –segundo avatar del acontecimiento teatral- instala una estructura sígnica verbal y no verbal que, gracias a un proceso de semiotización (De Marinis, 1997), funciona en dos instancias de producción de sentido (Muschietti, 1986):



-En un primer estadio del signo, los materiales verbales y no verbales se constituyen en signos que fundan-nombran-describen un mundo de representación y sentido, un universo referencial (Cerrato, 1992). La construcción de ese mundo marca un salto/cambio ontológico: se crea un universo que es paralelo al mundo, su “complemento” (Eco, Obra abierta), otro mundo posible dentro del mundo, que participa de la naturaleza de la ficción, de lo imaginario y de lo estético. Pero ese mundo de lenguaje también es a-referencial (Cerrato, 1992), puro acontecimiento de lenguaje, lenguaje sin voluntad de referir a una realidad otra que el mismo lenguaje (en escena, las poéticas más abstractas de la danza, el movimiento como puro lenguaje): los cuerpos en sí transformados en lenguaje poético, la physis natural permanece en tanto tal pero simultáneamente se transforma en physis poética.



-En un segundo estadio del signo (Muschietti), la estructura implica el advenimiento de la semiosis ilimitada: producción de sentido infinita propia de la función estética que organiza todos los materiales, tanto los verbales como los no verbales.



Valga la breve descripción de un caso para advertir la otredad del acontecimiento poético, el salto ontológico: un espectador conmovido que salte al espacio del escenario para abrazar a la víctima inocente de un melodrama (Indalecia, por ejemplo, en El desalojo de Florencio Sánchez), no podrá amparar al personaje sino sólo entorpecer el trabajo de la actriz. El personaje acontece en otro plano de realidad. La nueva dimensión óntica del acontecimiento poético produce una amplificación del mundo, funda nuevos territorios del ser y es eso lo que distingue al teatro de otras formas de espectacularidad que podemos definir como “parateatrales”.



El acontecimiento expectatorial. El universo poético creado por el acontecimiento de lenguaje a partir de los procesos de semiotización, ficción, referencia y función estética –que instauran una dimensión óntica otra-, genera un espacio de veda (Breyer) o espacio de reserva del teatro como acontecimiento de lenguaje. La asistencia al advenimiento y devenir de ese mundo, la testificación de ese acontecer, la contemplación y afección del universo de lenguaje desde fuera de su régimen óntico constituye el tercer acontecimiento o la instauración de un espacio complementario al poético: el de la expectación. El espectador se constituye como tal a partir de la línea que lo separa ónticamente del universo otro de lo poético. Esa separación no existe en los espectáculos parateatrales (Dubatti, 2002 y 2003): quien observa se encuentra en el mismo nivel de realidad que el acontecimiento observado. La óptica política o política de la mirada (Geirola, 2000) no entabla referencia con un mundo otro sino la esfera inmediata del ser o a través de ésta la presentificación hierofánica de lo numinoso (Rudolf Otto, 1998). Es el sueño de Antonin Artaud: convertir el acontecimiento poético en puro acontecimiento vital, permanecer en la primera instancia del convivio, no separar la poesía de la vida. Sin embargo, se puede salir y entrar del acontecimiento de expectación, el espectador puede ser “tomado” por el acontecimiento poético e integrarse a él, como sucede en algunas experiencias del teatro argentino actual, Villa Villa del Grupo De la Guarda. Villa Villa consigue que el espectador esté a la vez, simultáneamente, dentro y fuera del acontecimiento poética.



La composición triádica del acontecimiento teatral permite refundar las bases de nuestra comprensión del teatro en el convivio. Si la semiótica trabaja sobre el análisis del segundo acontecimiento y el tercero, es necesario volver al primero para comprender desde allí la totalidad. Y ésta se manifiesta como un campo complejo en el que no rigen las certezas instaladas por la semiótica como preceptos incuestionables.



En la praxis de expectación se perciben fusionados, divididos o cruzados los órdenes del convivio y el acontecimiento poético:



a) el orden performático, mundo del trabajo o praxis de los artistas, técnicos y público en el advenimiento y la generación del acontecimiento poético;



b) el orden metafórico o poético propiamente dicho, mundo paralelo al mundo, ontología de segundo grado.



Lo cierto es que el teatro argentino actual instala sus poéticas en la doble percepción de lo performático y lo poético, en el hacer del trabajo teatral y en la manifestación de la otredad poética. Los teatristas argentinos de hoy –entre ellos Eduardo Pavlovsky, Ricardo Bartís o El Periférico de Objetos- apuestan a una mirada del espectador que pueda reconocer los dos órdenes, que pueda derivar de uno al otro, que sepa reconocer en el acontecimiento teatral la doble presencia de los cuerpos naturales y los cuerpos poéticos. En consecuencia, la expectación puede reconocer dos niveles del cuerpo en la deriva de la physis natural a la physis poética:



-la pura dimensión performática del artista que opera en la escena para la producción del acontecimiento poético;



-la dimensión performática-poética, del cuerpo del performer que se desvía en acontecimiento de lenguaje y es en sí acontecimiento poético ya sea como puro lenguaje (écart) o como construcción referencial de los mundos imaginarios (ficción, principio representacional).



2. Internacionalización de la regionalización: régimen de experiencia y canon de la multiplicidad en la postdictadura argentina (1983-2003)



En nuestra teoría de las micropoéticas sostenemos que los diferentes niveles de la poética del texto dramático y del texto espectacular (Dubatti, 1999, pp. 49-63; 2002a, pp. 57-63) se vinculan con un fundamento de valor múltiple y complejo. Llamamos así a una determinada concepción en la que se asienta una manera de estar en el mundo, de construir la realidad y habitarla. Sostenemos que la enunciación externa –el sujeto de producción- imprime a los objetos artísticos una semántica, más allá de los mecanismos de desubjetivación de la escritura (Dubatti, 2001c). Existe una semántica de la enunciación (Agamben) [3] y el teatro funciona como una máquina estética de traducción de la experiencia de la cultura con la que se vincula el sujeto de producción. El teatro, en tanto estructura narrativa, funciona de esta manera como metáfora epistemológica y es en consecuencia un espacio de creación de identidad cultural (Stuart Hall, 1992; Pablo Vila, 2001). Creemos que no alcanza con analizar el texto como un sistema de signos autosuficiente: la nueva teatrología debe problematizar los vínculos entre teatro y experiencia cultural. El texto no habla desde el vacío: remite, en suma, a la semántica de la enunciación externa de dicho texto (Reisz de Rivarola, 1989), complejo macro-acto de habla (Muschietti, 1986, p. 16) en el que el “yo” del enunciador nunca desaparece. El fundamento de valor involucra la intelección de todos los componentes de la poética teatral. Es imposible no pensar la poética desde el fundamento de valor si se la quiere comprender como poética histórica desde la instancia de la producción, como en nuestro caso. Es cierto lo que observa Ricoeur: “El texto debe poder descontextualizarse, tanto desde el punto de vista sociológico como desde el psicológico, de tal manera que se deje recontextualizar en una nueva situación: esto es precisamente lo que hace el acto de leer” (1986, p. 111), sin embargo la perspectiva que proponemos busca leer desde el fundamento de valor y el contexto históricos en los que el texto fue producido.



Desde una perspectiva historicista, la micropoética de un texto teatral no es autosuficiente ni autónoma de la semántica que le imprime su sujeto de enunciación y debe ser leída desde el régimen de experiencia en el que dicho sujeto se halla localizado. El régimen de experiencia se compone de un conjunto de prácticas históricas de lo individual, lo microsocial, lo macrosocial, la alteridad y la civilización. Un fundamento de valor no opera mecánicamente en la configuración de una poética: es la relación gestáltica de fondo/figura, de enunciación/enunciado sobre la que ésta recorta su propio sentido. El análisis de un texto y su micropoética (Dubatti 2002a y b) en relación con el régimen de experiencia implica un proceso infinito, interminable de aproximaciones a dicha experiencia. ¿Es recuperable la experiencia histórica y cultural? Creemos que sí, que diversas aproximaciones permiten restaurar-reconstruir-construir la experiencia histórica y cultural de un creador, aunque, insistimos, las certezas nunca son absolutas ni la tarea termina alguna vez. El entramado de texto y cultura es un trabajo historiográfico en permanente elaboración.



La visión de conjunto de los cien teatristas y grupos estudiados en la serie de libros Micropoéticas (Dubatti 2002a y 2003d) brinda, en escala, una imagen de la situación actual del teatro argentino. Las creaciones seleccionadas expresan y reelaboran en sus poéticas las nuevas condiciones culturales que atraviesan la sociedad argentina desde los primeros años de la post-dictadura y más acentuadamente en la última década [4] . Dichas condiciones se sintetizan en un nuevo fundamento de valor, inédito en la historia de la cultura nacional. Ese nuevo fundamento de valor, que rige en la cultura actual, se manifiesta a partir de la crisis de la Modernidad y es el generador de un nuevo momento cultural que preferimos llamar "Segunda Modernidad" (según la distinción que hace de estos términos García Canclini, 1992). La aparición del nuevo fundamento de valor corresponde a los años de la postdictadura, con la "reapertura" del país al mundo y la consecuente sincronización de Buenos Aires con los grandes centros urbanos mundiales (en especial los de la civilización occidental), aunque con evidentes diferencias locales en la periferia latinoamericana, al sur del planeta (Walter y Herlinghaus, 1994). El proceso de asentamiento del nuevo fundamento de valor se profundizó en los noventa como consecuencia del "reordenamiento mundial" y los efectos de la globalización. La puesta en crisis y cuestionamiento de los principios de la Primera Modernidad llegan a Buenos Aires (y a otros centros urbanos de la Argentina) en el fin de siglo e implican un sólido golpe a varios de los basamentos en los que a partir del siglo XV se afianzó el desarrollo civilizatorio de Occidente. El nuevo fundamento de valor se manifiesta condicionado por la crisis de la creencia en el proceso del avance de la Humanidad hacia una igualación democrática y social y por la relativización o desarticulación del mito del progreso infinito, del valor de "lo nuevo" como instrumento de cuestionamiento y "superación" de lo anterior, del proceso universal de secularización, del mito del dominio humano de la naturaleza, del principio racionalista del "saber es poder". El nuevo fundamento de valor asume en los individuos y en los grupos sociales muy diferentes tomas de posición, que oscilan entre el rechazo absoluto y la aceptación acrítica del mismo. Por lo general, las actitudes más productivas en el campo artístico se ubican en un lugar de tensión paradójica, sintetizable en la fórmula "ni apocalípticos ni integrados", al margen de una polarización maniquea (Hopenhayn, 1994).



A nuestro juicio algunas de las variables significativas que condicionan en este contexto el nuevo régimen de experiencia y su consecuente visión cultural y atraviesan directa o indirectamente el régimen de producción y recepción del nuevo teatro argentino son las que siguen:



1. crisis de la izquierda y hegemonía del capitalismo autoritario: la disolución de la izquierda como frente internacional, su diversificación y redefinición aún pendiente, marcan en la cultura argentina un afianzamiento político arrasador del neoliberalismo. Esto implica un quiebre del paisaje político del siglo XX, que afecta notablemente a un campo teatral históricamente ligado al pensamiento de izquierda.



2. asunción del horror histórico de la dictadura y construcción de una memoria del dolor: represión, terror, secuestros, desapariciones, campos de concentración, tortura, asesinatos, violación absoluta de los derechos humanos. El “trauma” de la dictadura y su duración en el presente reformulan el concepto de país y realidad nacional: exigen repensar la totalidad de la historia argentina (Romero). Giorgio Agamben escribe: “Pero la imposibilidad de querer el eterno retorno de Auschwitz tiene para él (Levi) otra y muy diferente raíz, que implica una nueva e inaudita consistencia ontológica de lo acaecido. No se puede querer que Auschwitz retorne eternamente porque en verdad nunca ha dejado de suceder, se está repitiendo siempre” (Lo que queda de Auschwitz, 2000, p. 105). Así expresa Levi en Ad ora incerta esa no-interrupción: “Es un sueño dentro de otro sueño, diferente en los detalles, único en la substancia. Estoy comiendo con la familia, o con amigos, o en el trabajo, o en una verde campiña. En un ambiente apacible y distendido, alejado en apariencia de la tensión o del dolor; y, sin embargo, siento una angustia sutil y profunda, la sensación definida de una amenaza que se cierne sobre mí. Y de hecho, a medida que se desarrolla el sueño, poco a poco brutalmente, cada vez de forma diferente, todo se derrumba y deshace a mi alrededor, el escenario, las paredes, las personas, y la angustia se hace más intensa y más precisa. Todo se ha tornado ahora caos: estoy solo en el centro de una nada gris y turbia, de repente sé qué es lo que esto significa y sé también que lo he sabido siempre: estoy de nuevo en el Lager, y nada era verdad fuera de él. El resto era una breve vacación o engaño de los sentidos, sueño: la familia, la naturaleza en flor, la casa. Ahora este sueño interno, el sueño de paz, ha acabado, y en el sueño exterior, que sigue gélido su curso, oigo resonar una voz, bien conocida; una sola palabra, no imperiosa, más bien breve y sorda. Es la orden del amanecer en Auschwitz, una palabra extranjera, temida y esperada: ‘Levantarse’, ‘Wstawac’”. Como en todos los exterminios, el horror de la dictadura argentina sigue aconteciendo en el presente.



3. tensiones entre globalización y localización: el neoliberalismo tiende al desarrollo de una cultura unificadora, de la que resulta un avance de la globalización cultural como proceso enajenador de homogeneización. La crisis del discurso unitario e internacional de la izquierda ha generado la desaparición de las representaciones ideológicas totalizadoras alternativas frente a la hegemonía globalizadora. Hay por lo tanto un único discurso hegemónico (ya no dos enfrentados) y, en oposición frontal o relativa a éste, una diversidad y multiplicación de discursos y políticas atomizados alternativos y localizadores (étnicos, regionales, nacionales, grupales, de minorías). Es decir: un vasto y heterogéneo discurso alternativo atomizado en infinidad de posiciones, entre lo macro y lo micro, entre las identidades postnacionales y los núcleos de resistencia regional.



4. auge de lo microsocial y lo micropolítico: frente a la ausencia de representaciones ideológicas y discursos totalizadores, se observa en la sociedad una referencia hacia lo inmediato, el “uno mismo” (Touraine), lo microsocial (la esfera de lo individual, lo tribal, lo grupal, la minoría, lo regional, lo nacional) y lo micropolítico (Pavlovsky).



5. multitemporalidad: la nueva situación cultural caracterizada por la diversificación atomizadora se evidencia en las tensiones entre modernidad, antimodernidad (Lodge), premodernidad, postmodernidad y antiposmodernidad en un mismo campo cultural. En la multiplicidad de la práctica teatral de Buenos Aires hay coexistencia de tiempos y procesos culturales, aunque debe destacarse que las presencias más densificadas y extendidas corresponden actualmente a las formas posmodernas y antiposmodernas.



6. realidad y giro lingüístico: la crisis de la noción de verdad y de los universales, la concepción de la realidad como construcción cultural, arrasan con el principio de objetividad y certidumbre (Scavino) y con la ilusión de una visión de mundo homogénea y monolítica (válida para todos de la misma manera). La experiencia de la realidad se manifiesta como pura multiplicidad y complejidad.



7. el pasaje de lo socioespacial a lo sociocomunicacional: se ha producido una desterritorialización de la cultura (García Canclini 1995) por el auge de los nuevos y cada vez más sofisticados mecanismos de comunicación (televisión satelital, correo electrónico, internet, computación, fibras ópticas, etc). Las posibilidades tecnológicas han impuesto nuevas condiciones culturales, entre las que se destacan las nociones de simulacro y virtualidad, que implican la pérdida o relativización del principio de realidad. Es más “real” lo que sucede en la televisión que en la realidad inmediata. Por otra parte, la virtualidad permite construir realidades que sólo son aparenciales. El simulacro implica la idea de montaje falso: hace vivir como “real” aquello que “no lo es” (Baudrillard). El auge de estas manifestaciones y el efectivo impacto de sus realidades aparentes llevan a poner en crisis el principio de realidad mismo, e incluso la certeza de conocimiento del presente y el pasado. Otra noción fundamental al respecto es la de “transparencia del mal”: la realidad se ha ausentado bajo un aluvión de imágenes e información, vivimos un mundo de noticias, no de acontecimientos (Sarlo).



8. heterogeneidad cultural: este concepto del filósofo chileno José Joaquín Brunner permite pensar la experiencia de la cultura como el entretejimiento de una enorme diversidad de discursos. La heterogeneidad cultural multiplica la dimensión de complejidad de los fenómenos y sus motivaciones.



9. pauperización y fragilización: un dato fundamental de la nuevas condiciones culturales argentinas es el empobrecimiento, la pérdida de presupuestos y posibilidades laborales, con la consiguiente disminución del nivel de calidad de vida. La pauperización económica se encuentra en estrecha relación con las imposiciones de un mercado cultural que los teatristas no pueden ignorar en ninguno de los circuitos en los que trabajan. La “autonomía” del artista respecto del mercado, la industria cultural y las tensiones económicas dentro del campo intelectual (en sus diferentes grados de determinación y virulencia) no parece constituir hoy un tema a discutir: se acepta que de alguna manera esa autonomía no es ni “pura” ni “ortodoxa” y menos aún necesaria para la labor intelectual y artística.



10. la espectacularización de lo social o la cultura del espectáculo: la teatralidad se ha difundido en todos los órdenes de la vida social, especialmente en las escenificaciones del discurso político. Es más teatral la realidad que el teatro (Debord).



<>Estas nuevas condiciones culturales modelizan la experiencia de los teatristas. La presencia del nuevo fundamento de valor afecta la producción y la recepción de las poéticas teatrales a partir de diversas variables, que caracterizaremos en otros trabajos. Diseñamos un modelo de periodización del teatro occidental, en el que buscamos relacionar la historia de la civilización con la historia del teatro (Dubatti 2002b pp. 141-171). Para dicha periodización propusimos que, a cada una de las visiones de mundo sucesivas y paralelas que constituyen la historia de la civilización occidental, le corresponde un conjunto de correlatos estéticos que definimos bajo el nombre de canon. Por ejemplo, la unidad extensa supranacional de periodización que llamamos Edad Media, uno de cuyos complejos fundamentos de valor radica en la visión de mundo teocéntrica, posee un canon de teatro específico. De la misma manera, creemos que la nueva visión de mundo en la postdictadura tiene como correlato un conjunto de poéticas teatrales que llamamos el canon del teatro argentino actual.



El concepto de canon no sólo debe comprenderse como un cierto tipo de macropoética que unifica y subsume los rasgos de muchos individuos textuales sino que también abarca la relación que las poéticas sostienen entre sí dentro de ella. El canon es el organismo de interrelación de las poéticas, las poéticas mismas y su inclusión en un sistema de producción, circulación y recepción determinado por una comunidad textual o artística. Dicho canon opera también como metáfora epistemológica de la visión de mundo y su fundamento de valor.



El canon del teatro argentino en la postdictadura se caracteriza por la atomización, la diversidad y la coexistencia pacífica, sólo excepcionalmente beligerante, de micropoéticas y microconcepciones estéticas, por lo que elegimos llamarlo el "canon de la multiplicidad". Como manifestación de resistencia frente a la homogeneización cultural de la globalización y como consecuencia de la desaparición de las representaciones ideológicas y discursos totalizadores alternativos, se observa un fenómeno de destotalización, que cumple una función cultural desalienadora, deshomogeneizadora y otorga especial valor al lugar de la “diferencia”. La destotalización es consecuencia de la quiebra del pensamiento binario (Lodge) y sus expresiones son la atomización y la diversidad/multiplicidad. Implica la idea de multicentralidad (no hay “un” centro sino muchos, incontables) y de coexistencia de modelos y autoridades de referencia. La destotalización determina un paisaje desdelimitado, de proliferación de mundos. Josefina Ludmer sintetiza esta nueva experiencia cultural con el refrán “Cada loco con su tema”. “Nuestra concepción del teatro no es la única ni la mejor> es la nuestra”, escribe la directora Mónica Vinao. El efecto de la diversidad recorre todos los órdenes de la práctica teatral actual. Se observa tanto en el estallido de las poéticas dramáticas y de puesta en escena, como en las ideologías estéticas (implícitas en las obras o explicitadas teóricamente), las formas de producción y los tipos de público, así como en la aparición de nuevas conceptualizaciones para pensar el fenómeno de la diversidad (dramaturgias, teatrista, convivio, entre otras).



La destotalización y el auge de lo micropolítico implican la vuelta al uno mismo, contra la homogeneización y otorgan nueva dimensión al valor de la diferencia. Este fenómeno es complementario con el eclipse de las grandes archipoéticas, el desplazamiento de los modelos superestructurales de referencia. Paradójicamente se ha internacionalizado la regionalización y este canon de la multiplicidad, con su estructura abierta, sería el nuevo modelo superestructural inclusivo de las micropoéticas más diversas.



La desdelimitación genera un efecto de crecimiento en extensión del campo teatral, que rompe la imagen piramidal de la subordinación jerárquica de las poéticas e instaura una nueva imagen de horizontalidad, rizomática: las micropoéticas constituyen una comunidad, se yuxtaponen en el espacio.



En esta desdelimitación el teatro sale a buscar sus modelos fuera del teatro (en expresiones y lenguajes no teatrales, como la literatura, los museos, las matemáticas, la ciencia, la biografía –biodrama-, etc.). También se produce un efecto de pérdida o borramiento de la diferenciación de territorialidades nítidas: periferias, cruces, mezclas, fronteras, pasajes son frecuentes.



Otros rasgos emergentes del canon de la multiplicidad son la destemporalización y la multitemporalidad. En el nuevo teatro de Buenos Aires se advierte una coexistencia de tiempos estéticos y una paradójica relación con el valor de lo nuevo. Se oye decir que “Lo nuevo ha muerto”, pero paradójicamente esto es nuevo. La crisis y relativización del valor de lo nuevo marca un cambio en la dinámica histórica:



a) Se relativiza o adelgaza la posibilidad contrastiva de las poéticas de contraposición (Lotman), en tanto queda escaso margen para las novedades estéticas radicales: “ Lo nuevo ha muerto”.



b) Todo está permitido siempre y cuando responda por complementariedad o rechazo al nuevo fundamento de valor, es decir, registre de alguna manera el impacto de las nuevas condiciones culturales. Si lo nuevo se ha relativizado, se siente como “viejo” todo discurso o poética que se niega a percibir o ignora las nuevas condiciones culturales. Por ejemplo, se oye decir en el campo teatral de Buenos Aires que “Nada más viejo hoy que lo que fue nuevo en los sesenta”. La afirmación se refiere al fundamento de valor, no a los procedimientos.



c) En cuanto a procedimientos, todo está permitido. Libertad absoluta de buscar materiales morfotemáticos en todas las instancias del pasado e incluso en el cruce con otros sistemas artísticos. Se vuelve al pasado de diversas maneras: para la relectura de las más diferentes tradiciones codificadas (la gauchesca, el circo, la commedia dell’arte, el tango, el sainete, el melodrama, etc.) o para fundar nuevas tradiciones a partir de una revisión o reorganización de los materiales del pasado.



La multiplicidad queda nítidamente expresada cuando se considera en su conjunto las micropoéticas del nuevo teatro de Buenos Aires y el lector advertirá inmediatamente esa diversidad al leer las monografías incluidas en este volumen: nunca en la historia del teatro nacional las poéticas se parecieron tan poco entre sí. Si en algo se parecen es en la libertad de trabajar sin las presiones de modelos y autoridades, en la búsqueda de la poética deseada. Las nuevas condiciones de producción determinan la dificultad de elaboración de archipoéticas que unifiquen la nueva creación teatral en un único modelo. Las micropoéticas –espacio de articulación de las relaciones entre teatro y subjetividad- se resisten a la homogeneización y la abstracción en una estructura común. Hemos llamado a este fenómeno la “conquista de la diversidad”. Se observa una resistencia a la reductibilidad por el acrecentamiento de la complejidad (Prigogine) de las poéticas teatrales, densamente atravesadas por la singularidad de lo subjetivo. Nos detendremos en este aspecto.



En el canon de la multiplicidad las poéticas conviven y no requieren alinearse en una determinada escuela, tendencia o movimiento para ser aceptadas. La proliferación de mundos y la destotalización hacen que en un mismo campo teatral trabajen con idéntica aceptación y reconocimiento grupos tan disímiles como La Banda de la Risa, El Periférico de Objetos, De la Guarda, Catalinas Sur, Los Calandracas, Amanecer (con un elenco integrado por “chicos de la calle”, bajo la dirección de Javier Ghiglino), El Descueve, Grupo Teatro Libre, La Runfla, Bachín Teatro, el Muererío, Los Pepe Biondi, El Baldío y Periplo, entre otros muchos. Lo mismo puede decirse de los teatristas. En el campo de producción de poéticas no se encontrará una hegemónica, sino micropoéticas que ofrecen las más diversas variantes. Se equivocan quienes pretenden identificar el nuevo teatro, por ejemplo, con una producción eminentemente lingüística como la de Tantanian o Spregelburd. En el nuevo teatro las poéticas responden a modelos textuales que proponen diferentes concepciones semióticas de producción de sentido, archipoéticas que los teatristas y los grupos saben combinar, integrar y cruzar sabiamente en el seno de sus textos según las necesidades de cada creación. Llamamos a estos modelos confrontados poética de la univocidad y poética de la multiplicidad [5] .



El “canon de la multiplicidad” es emergencia de las nuevas condiciones culturales y se manifiesta como rasgo compartido por las grandes capitales teatrales del mundo.



3. El nuevo valor de lo convivial: la política



Por las características señaladas, el teatro tiene en la actualidad la capacidad irrefrenable de ir contra la corriente histórica en muchos aspectos. Se subleva, se opone, se niega a la globalización y a cualquier aspiración hegemónica de la mundialización soñada por la nueva derecha. El teatro es resistencia contra las nuevas condiciones culturales que impone el neoliberalismo:



a) contra la desterritorialización que promueven las nuevas redes comunicacionales –televisión, internet, conexiones satelitales, chateo (García Canclini, 1995)-. El teatro exige territorialidad, la reunión en un espacio geográfico real –una sala o cualquier otro lugar-, en un centro territorial que preserva lo socioespacial contra lo sociocomunicacional.



b) contra la desauratización del hombre que promueven las intermediaciones técnicas (Benjamin). A diferencia del cine, la radio o la televisión, el teatro preserva el intercambio aurático de los cuerpos reunidos en el centro territorial, el convivio, el encuentro de presencias, rechaza la reproductibilidad técnica y promueve lo humano efímero, el afectar y dejarse afectar en la experiencia de contacto inmediato con el otro. Es por ello que el teatro no admite ser trasvasado al soporte cinematográfico o televisivo sin la pérdida de su singularidad discursiva, sin su aniquilación. El teatro es para el hombre un permanente recuerdo de su naturaleza temporal (Bartís).



c) contra la mercantilización. El teatro no admite por su naturaleza convivial ser enlatado, enfrascado y transformado en mercadería en serie, es solidario con “el repudio de la mercantilización de los bienes culturales” que propone S. Amin como plan para la lucha contra el imperialismo.



d) contra la homogeneización cultural de la globalización. A diferencia de otras formas artísticas complementarias con los procesos de globalización, el teatro favorece en los grupos minoritarios del convivio la pulsión contraria a la globalización, la localización (Beck, Robertson), la singularidad de las identidades culturales, el regreso al “uno mismo”, al saber del grupo, la tribu, la región o la nación.



e) contra la insignificancia, el olvido y la trivialidad. El teatro exige construir sentido y pensamiento, se plantea como espacio de proyección de la memoria, como oasis de sentido en una realidad que parece haber perdido su principio de organización. El teatro se transforma en una herramienta de asunción del horror histórico y a través de sus metáforas invita a repensar la historia nacional y a elaborar un discurso memorialista. El convivio conduce al encuentro con uno mismo y un mayor grado de conciencia de sí.



f) contra la supuesta univocidad de lo real y el pensamiento único. En tanto lenguaje dotado de semiosis ilimitada, el teatro propone metáforas de la realidad que la revelan como multiplicidad y complejidad, el teatro opera como una amplificación nunca del todo abarcable del mundo a través del despliegue de otros mundos ficcionales y poéticos paralelos a este mundo.



g) contra la hegemonía del capitalismo autoritario y el neoliberalismo. El teatro se configura en la sociedad actual como un típico instrumento de contrapoder (Deleuze), de creación de espacios micropolíticos alternativos para la construcción y el desarrollo de otras subjetividades (Pavlovsky). Esas micropolíticas se transforman en armas contra el solipsisimo y el narcisismo introspectivo, favorecen la religación social, el trabajo en equipo, la práctica comunitaria, lo grupal. “No se va al teatro para estar solo”.



h) contra la pérdida del principio de realidad, la transparencia del mal y el simulacro. En una realidad sumergida bajo un alud de imágenes e información, agobiada de noticias y vacía de acontecimientos, el teatro nos aleja de la dispersión enajenante e invita a la concentración, a demorarse en el apartamiento, a detenerse a mirar, al retiro reflexivo en la oscuridad de la sala en convivio con los teatristas, los técnicos y el público. El teatro exalta en su visión minimalista –por necesidad el convivio teatral es minoritario, si se lo confronta con las posibilidades masivas del cine o la televisión- la medida originaria de lo humano: “lo menos es más” resulta una de las fórmulas más frecuentes en los territorios poéticos de la escena.



i) contra la espectacularización de lo social o la cultura del espectáculo. Si la teatralidad ha sido usurpada por lo social –en términos de Guy Debord- y hoy los políticos son “más” actores que los actores de teatro (Bartís), la escena resiste reformulando el concepto de la teatralidad y denunciando el artificio social.



j) contra la pérdida de la praxis social. El teatro se sale de sí y parte nuevamente en busca de su perdida función social, desde una nueva experiencia y desde nuevos saberes. ¿Un nuevo teatro social? Las prácticas de los grupos y agrupamientos Catalinas Sur, Los Calandracas, Amanecer, Crear Vale la Pena, Teatroxlaidentidad, Brazo Largo, Morena Cantero Jr. y de muchos otros teatristas así lo demuestran.



k) contra la parálisis que genera la pauperización. El teatro actual no sólo es resistencia: también resiliencia, capacidad de construir en tiempos de adversidad. En este sentido el teatro resiste contra la pauperización y la fragilización, contra el avance del empobrecimiento. Frente a los avances tecnológicos –en gran parte inaccesibles por sus costos-, la actitud resiliente del regreso al convivio. La adversidad de los tiempos exige estas mutaciones y redefine la resistencia y la resiliencia como expresiones de lo nuevo.



<>El teatro parece un lenguaje especialmente diseñado para resistir la mundialización imaginada por la nueva derecha y la expansión capitalista. El teatro es complementario con la utopía de la izquierda de un “mundo multipolar” y policéntrico, un “mundo regionalizado”, donde paradójicamente lo que se mundialice sea la multipolaridad. Samir Amin afirma: “En mi opinión, una nueva izquierda a la altura del desafío debería fijarse el objetivo de imponer, en una primera etapa, la reconstrucción de un mundo multipolar, que es la condición indispensable para ofrecer a las fuerzas progresistas espacios de autonomía que les permitan producir progresos que serán, como siempre, desiguales entre un país y otro en los diferentes momentos. Esta construcción multipolar supone, por definición, el desmantelamiento de la hegemonía norteamericana y, por eso mismo, la búsqueda de convergencias mínimas entre todas las fuerzas políticas y sociales que se opongan a ella” (2003, p. 216). Si se observa el comportamiento de los campos teatrales entre sí, se impone ese funcionamiento de regionalización o multipolaridad, efecto de ilusión de “desconexión”, que preferimos llamar “conexión rizomática” entre los campos teatrales. Autonomía, intereses regionales, respeto por las diferencias y la singularidad, organicidad interna y no sometida a los mandatos igualadores de las exigencias globalizadoras.



<>Por su lenguaje, por su dinámica, el teatro es, frente al auge del neoliberalismo, una herramienta de formación de subjetividades alternativas. Si el sistema capitalista mundial manifiesta síntomas de senilidad y se hace imperativo superarlo para asegurar la supervivencia de la humanidad, el teatro constituye una de las contribuciones más importantes a esa superación desde la esfera micropolítica de formación de subjetividades alternativas.



<>El teatro, entonces, ¿sólo compensación resistente en un mundo hostil norteamericanizado? ¿O también un modelo cultural precursor hacia el diseño de un mundo político regionalizado para el futuro?



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[1] < >“El proyecto de la derecha nueva se inscribe pues, necesariamente, en la huella del de la aspiración hegemónica de los Estados Unidos. La derecha nueva debe ser –y lo es- pronorteamericana” y sus dos herramientas centrales son “la mundialización económico-cultural y la militarización”, según afirma el egipcio Samir Amin (Más allá del capitalismo senil. Por un siglo XXI no norteamericano, 2003).



[2] Desarrollamos esta teoría en Dubatti 2002b y 2003c. Ofrecemos aquí un breve resumen.



[3]



[4] Luego de los años de la dictadura (1976-1983) se manifiesta un período que llamamos de la postdictadura en el que pueden discernirse dos grandes momentos culturales que afectan la práctica teatral en la Argentina y diferentes formas de desempeño cultural:



a) un primer momento atravesado por la experiencia de restitución de las instituciones democráticas, entre 1983 y 1988 (aproximadamente los años de la presidencia de Raúl Alfonsín) acompañado de un modelo cultural estatal de centro izquierda, la exaltación de los valores del estado democrático, la libertad como valor, y la zación de la defensa de los derechos humanos, rápidamente fragilizado y desmontado;



b) un segundo momento de crisis del estado y reubicación de la Argentina respecto del orden internacional entre 1989 y el presente (presidencias de Carlos Menem y De la Rúa), la instalación de un modelo neoliberal de centro-derecha, auge de la globalización, crisis de la izquierda, pauperización de las políticas culturales estatales y surgimiento de la resistencia como valor.



[5] Como puede verse, fiel a su naturaleza, el canon de la multiplicidad da cabida también a formas de la univocidad, como las del teatro tosco o el teatro político explícito.



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